Un país sin rumbo

portada 6 de febrero

Barco hundido

Si estuviésemos en los años de mil quinientos, en un galeón español o portugués, este podría ser un escenario normal, pero en el siglo veintiuno, con todos los avances tecnológicos, perder el rumbo al navegar es cosa del pasado, o de alguna situación más que extraordinaria

Nada en el horizonte!, grita el vigía del barco al ser interpelado por el capitán de la nave, respuesta que no sería grave o preocupante si supiésemos a dónde nos dirigimos, pero nos encontramos con un barco sin rumbo en alta mar, y peor aún, sin capitán. La incertidumbre agobia, los marineros no encuentran qué hacer, no hay quién oriente, el desespero y la angustia es lo que reina, algunos toman los remos para tratar de avanzar, pero cada quien rema con diferente destino, por si esto fuese poco, se le suma que las provisiones escasean, y quienes las distribuyen no lo hacen de la mejor manera, se sigue despilfarrando lo poco que hay, todo parece conspirar para que el barco no llegue a su destino. Al desorden imperante se le suman calamidades de tipo naturales, ya ni el viento sopla para que las velas impulsen la nave, el agua se agota, pero ni siquiera cae una lluvia para medio llenar las vasijas que contienen el vital líquido. Pareciera que el universo conspira para que no encontremos el rumbo para poder llevar la nave a puerto seguro.
Si estuviésemos en los años de mil quinientos, en un galeón español o portugués, este podría ser un escenario normal, pero en el siglo veintiuno, con todos los avances tecnológicos, perder el rumbo al navegar es cosa del pasado, o de alguna situación más que extraordinaria.
Preocupante y angustiante es ver a una nación perder el rumbo, un país que a lo largo de su historia repite sus mismos errores, basta con escuchar entrevistas realizadas hace treinta años o más a personalidades venezolanas, las que advertían de la necesidad de cambiar el modelo político rentista en que el país estaba inmerso, advertencias que no fueron suficientes para darse cuenta de que se estaba creando un modelo que nos ha llevado a una cultura que nos aleja del trabajo productivo, e impide que una gran mayoría de venezolanos asuman responsabilidades y acaten las normas.
Aquellos que nos vendieron que Venezuela es un país rico, fueron los primeros irresponsables, lo que terminó generando la idea de que no había mucho que hacer, más que esperar que el papá Estado repartiera las ganancias, tamaña irresponsabilidad de aquellos que nos llevaron a esto, pero peor aún, los que han profundizado en estos últimos años la cultura rentista del facilismo y la irresponsabilidad. Un país que regala los servicios públicos, que no cobra el combustible, lo que ha logrado es construir toda una cultura del derroche, ¿para qué ahorrar agua o electricidad?, si no se paga por el servicio, o lo que canceló por su disfrute es algo insignificante. ¿Para qué trabajar por un salario mínimo?, si con pararme a pedir en una esquina es suficiente, o tal vez obtenga algo más que ese salario.
La historia es testigo de gobiernos que abandonaron sus responsabilidades en temas de tan gran importancia como la salud, la educación, la vivienda, seguridad ciudadana, en la construcción de un sistema judicial que nos diera verdadera justicia, para que no reinase la impunidad, dando como resultado la generación de crisis en todos los ámbitos.
A estos males se les sumó otro de mayor gravedad, gestado por seudo líderes que promovieron el comportamiento inadecuado de muchos, esto al invocar una frase que terminó siendo lapidaria: “yo no pido que me den, póngame donde haiga”, o aquella que también marcó a una generación, “con AD se vive mejor, ya que los adecos roban pero dejan robar”. Lo que generó y justificó todas las formas habidas y por haber de corrupción y complicidad, desde el que se salta la fila, hasta los que se han llevado inmensas cantidades de dinero a lo largo de los años, sin el menor esfuerzo.
Se escuchan un sinfín de voces, cada quién con propuestas diferentes en materia política y económica; hay unos que gritan con mayor fuerza, pero esto tal vez no sea suficiente para tener la razón; otros que se niegan a cambiar el rumbo de forma obcecada, son a los que les tocó conducir éstos últimos años el barco, con un rumbo no compartido por todos, o con un rumbo no definido, “el cómo vaya viniendo vamos viendo”, otra de nuestras frases célebres. 
Una gran mayoría de venezolanos exigen y reclaman, que llegó la hora de remar todos hacia los mismos objetivos, fijar el rumbo, que no es más que bienestar, paz y certidumbre del destino que nos espera, no sea que se cumpla lo que premonizó hace algún tiempo, Arturo Uslar, “… si por desafortunado azar del destino los precios del petróleo bajaran, Venezuela sería un caso para la Cruz Roja Internacional, aquí vendrían a repartir sopas en las esquinas…”.

Con pistolas robaron en el Metro de Caracas

metro



En la tarde de este viernes 5 febrero la delincuencia se hizo presente en el Metro de Caracas con un robo armado en un tren que iba de Plaza Venezuela a la estación Colegio de Ingenieros, según reportaron los usuarios del sistema de transporte.

Los delincuentes aprovecharon el recorrido de una estación a otra y sacaron sus armas. Los usuarios al ver las pistolas comenzaron a correr por los vagones. En medio de la situación algunas personas fueron aplastadas. "La cantidad de gente corriendo era horrible. Me detenía a preguntar qué pasaba y nadie respondia", escribió la usuaria de Twitter @nannyvelasquez, quien contó que se trataba de al menos 6 sujetos encapuchados. Detalló que se perdieron niños en medio del caos y que las puertas del tren no fueron abiertas por el personal sino por los mismos ocupantes.
"Solo logramos abrir tres puertas y la cantidad de gente era horrible, tuve que pedir ayuda porque estaba demasiado nerviosa llorando. Robaron a muchas personas, yo veia a los viejitos caidos y la gente les pasaba por encima. Me halaban hasta el cabello, cuando volteaba era la gente desesperada que solo queria salir", agregó.
Las personas llegaron al lugar donde se encuentra el conductor del tren y abrieron las puertas para correr por los túneles hasta llegar a la estación Colegio de Ingenieros.
Con información de El Nacional












El Editorial: Mucho peso y poco músculo

Editorial

Estamos claros que parte de la parálisis gubernamental tiene que ver con las gríngolas ideológicas que carga el Gobierno. Las personas que escogió para encargarse de los más importantes ministerios del área económica confirman lo que decimos, estamos graves

Nicolás Maduro no hace mercado. De eso estamos seguros, y no solo porque es el Presidente de la República y no tiene tiempo para tales menesteres, sino porque tampoco demuestra mayor premura por tomar medidas que puedan ir corrigiendo los entuertos que su "padre" político y él mismo le han generado a la economía nacional. Si tuviera que recorrer diferentes mercados para abastecer su hogar y soportar horas de cola bajo el generoso sol venezolano seguramente otro gallo cantaría. 

Si el año pasado no tomó medidas porque venían las elecciones parlamentarias -como ha admitido-, al día de hoy y después de haber transcurrido casi dos meses de esos comicios, el jefe del Estado sigue haciéndose el musiú. Nombra unas comisiones, más burocracia, aumenta el número de motores -en comparación con los que tenía el difunto expresidente Chávez-, pero la economía sigue sin arrancar. Puro aguaje. 

Estamos claros que parte de la parálisis gubernamental tiene que ver con las gríngolas ideológicas que cargan. Las personas que escogió para encargarse de los más importantes ministerios del área económica confirman lo que decimos. Anuncian que van a tomar medidas que preserven las "conquistas sociales" de estos años, por lo que cualquier iniciativa que se parezca a las recomendaciones de los economistas de la "derecha" está descartada. 

Todos seguimos esperando por las medidas "socialistas", marxistas químicamente puras que acaben con la inflación y llenen los mercados de todo tipo de productos. Pero tampoco llegan. Esa batea ni lava ni deja lavar. 

No entendemos por qué ese tipo de disposiciones no han sido puestas en práctica, sobre todo tomando en cuenta el poder político con el que contaban hasta el 5 de enero, pues la anterior Asamblea Nacional obedeció servilmente todo lo que Miraflores ordenó. ¿Será que esas medidas "socialistas" no existen? Por ahí como que va la cosa. 

Ahora bien, la situación económica es tan delicada, sus consecuencias sociales son tan evidentes y tan graves que van a terminar derivando en una crisis política de incalculables consecuencias. Las medidas para cambiar de rumbo e ir resolviendo la difícil coyuntura requieren contar con un gran capital político, pues el costo de las mismas va a ser alto. 

Carlos Andrés Pérez en su momento lo tuvo y se descapitalizó bastante rápido. 

Rafael Caldera tenía mucho menos capital político que su predecesor e incluso no estaba convencido de lo que iba a hacer, pero logró conformar un equipo ministerial que le habló con la verdad al país y alcanzó los consensos necesarios para poner en marcha las reformas, las cuales no llegaron a feliz término por la irrupción de Hugo Chávez. 

Hoy es evidente que el capital político de Nicolás Maduro es mínimo. Sabe además que lo que hay que hacer echa por tierra toda la palabrería y las acciones que su predecesor y él mismo han llevado adelante durante todos estos años. 

No quiere pagar el costo político que tales decisiones significan. Sería el reconocimiento de que esta "revolución" es un fracaso descomunal. Todo indica que no cuenta con la fuerza necesaria para afrontar tan difícil tarea. Pero el inmovilismo terminará siendo más caro. 

Es hora de que el Presidente de la República se comporte como tal y decida pensando más en el país y sus habitantes que en mezquinos cálculos políticos.  Lo que está en juego es demasiado importante. 




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