Semanario ABC de la SEMANA "EDICIÓN 451"


VENEZUELA


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Muchas de las palabras que utilizamos para describir los efectos de las circunstancias adversas y nocivas sobre el cuerpo humano son aplicables a las sociedades. Las sociedades actúan como un todo, como un conjunto armónico bien delimitado, son un organismo tan complejo como nuestro cuerpo.
En Venezuela padecemos en este momento de un cuadro clínico de tipo inflamatorio que se agrava paulatinamente y que no cede a las terapéuticas usuales ya probadas por el tiempo y las experiencias, como son los llamados a la reconciliación, la amnistía, las ofertas de paz y de orden y concierto en las cuestiones sociales tanto de protesta como de propuestas positivas de cambio y evolución.
Organismos, como la Asamblea Nacional, se están malogrando en su desempeño y otros, como el Tribunal Supremo de Justicia y el Consejo Nacional Electoral, se crecen a alturas de vértigo sin mirar para atrás y sin consideración alguna de su origen y función primordial, interpretando la Constitución a su antojo y conveniencia y sin interés alguno en funcionar de forma orquestada con el resto de los poderes. Algunos individuos, como los líderes naturales de la oposición, se enmohecen en su forzada inacción y otros, de aparición reciente o futura, sufren de persecución y sus colaboradores tienen miedo.
La sociedad se está enardeciendo lentamente, rítmicamente, casi imperceptiblemente, fatalmente. Detener ese proceso inflamatorio requiere de voluntad gubernamental, autoridad y poder orientados al bienestar y el desarrollo de la sociedad y de una estatura moral de los ejecutantes que atraiga la admiración, el respeto y la necesidad de imitarles por parte del pueblo, es decir de la sociedad enferma, que está muy inflamada y padece dolor, se siente exhausta del calor y sin agua para refrescarse, y resentida y harta de carencias, sufrimientos y falta de expectativas positivas, atractivas y buenas.
No hay suficientes medicamentos ni insumos médicos y quirúrgicos. Faltan hasta los sueros. Pronto seremos una sociedad con una carga inmensa de enfermos dañados irremediablemente por no tener los tratamientos a tiempo ni de forma constante. 85% de carencia de fármacos es, simplemente, una barbaridad que, como ejemplo del problema, pinta crudamente la debacle sanitaria.
No sé si estamos a tiempo o no para detener ese proceso inflamatorio. Ojalá que sí. Pero, en todo caso, lo más grave es que los gobernantes o el gobernante actual, aunque no son ciegos ni sordos, sin embargo piensan que todo va bien y por buen camino, pero para quienes sabemos de inflamación en medicina y en la sociedad, la suerte está echada y el camino que estamos andando no es el de la recuperación, es, por el contrario, el de la agravación fatal e irremediable.
*Titulo original, INFLAMACION







GOBIERNO DE SALVACIÓN NACIONAL


¿Cómo salir de esto? ¿Cómo recuperar las posibilidades de una Venezuela de esperanza, vida y confianza social?
La inmensa mayoría está sufriendo los disparates del régimen y lógicamente quiere salir de él.  Por ahora parece prevalecer la desesperación y el deseo de salir (por renuncia o revocación) de este Presidente, que con huecas palabras revolucionarias y con hechos lamentables se aferra al desastre. Pero más difícil y necesario que la salida de Maduro es crear -entre venezolanos de diverso signo- los consensos y las condiciones básicas indispensables para reconstruir el país. Personas y familias  necesitan y quieren liberarse de las colas y de la escasez torturantes, de la falta de medicinas vitales, de la terrible inseguridad que cerca sus vidas y del ladrón de la inflación omnipresente que les roba la mitad del salario, y de la persecución política. Desastre sembrado por el gobierno.
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Mandela salió de la larga y dura cárcel del régimen sudafricano que excluía a la población negra mayoritaria. Estaba convencido de la imposibilidad de un próximo gobierno de negros exitoso sin la colaboración de sus enemigos blancos. Así lo entendió también el presidente blanco, Frederik de Klerk y llegaron a acuerdos de colaboración (serían Presidente y Vicepresidente del  nuevo gobierno) que permitieron cambiar el país.
En Venezuela, tras el triunfo electoral del 6D,  luego de los primeros desahogos alegres, hay el peligro del bloqueo de los cambios: el Gobierno, como no puede ni con todos sus motores verbales, se encierra en el castillo del poder y llama en su defensa a su servil Poder Judicial y a la inestable lealtad de las armas. Mientras que los opositores demócratas concentran su esperanza en el Legislativo. Aunque el TSJ hable de leyes no ejerce de juez sino de parte, ni el debate es jurídico sino de poder político para someter al otro. El juego está trancado, entre el Legislativo, haciendo nuevas leyes, y el Judicial bloqueándolas de antemano. Pero la miseria y desesperación de la gente avanzan y exigen cambios de fondo.
Para desbloquear y reconstruir el país es imprescindible llegar a un acuerdo sobre un Gobierno de Salvación Nacional con compromisos básicos respaldados por parte del chavismo y de la oposición democrática,  con medidas de cirugía mayor para recuperar la democracia, con una economía que atraiga inversión, crecimiento y abastecimiento para una sociedad que recobre la vida y la esperanza.
A Mandela sus más radicales seguidores lo consideraron traidor y a De Klerk los suyos, pero ambos tuvieron el valor y la visión de remar a contracorriente. ¿En Venezuela, después de los éxitos de diciembre, se cansaron los líderes de partidos de seguir alimentando la unidad, la vitalidad  y la mutua confianza dentro de la MUD? ¿No creen unos y otros que -anteponiendo el deseo y la necesidad general de la nación- deben llegar a acuerdos programáticos y rutas, con un gobierno de transición que tome cuanto antes graves medidas salvadoras con los necesarios apoyos nacionales e internacionales? Este gobierno-cirujano deberá ser provisional -pero no impotente- para preparar el terreno a una elección democrática libre con varios candidatos.
Sorprende ver a muchos soñando en sentarse cuanto antes en la silla presidencial, sin condiciones para un gobierno eficaz y exitoso y carente de los apoyos internos y externos imprescindibles. ¿Durarían  seis meses en su ilusión?
Venezuela tiene salida, si prevalece una nueva esperanza y deseo de restablecer la confianza nacional y de hablar (no para aparecer en la TV) con los rivales y actores de poder sobre lo que cada uno debe aportar para destrabar los cercos y contribuir a la transición. Pero si se atrincheran en mutuo rechazo puro y duro, el creciente deterioro y desesperación forzarán un cambio imprevisible y mucho más costoso.
Después de la muerte de Jesús, ejecutado como un malhechor, la crisis de sus seguidores fue espantosa. Perdieron toda esperanza y se escondieron por miedo. La resurrección de Jesucristo fue para ellos un nuevo volver a la vida y a la esperanza. Todo cambió y fueron capaces de perdonar a los asesinos y salir a las plazas públicas a decir: a ese Jesús, que pasó haciendo el bien y ustedes lo mataron como malhechor, Dios lo ha resucitado y lo ha puesto como Salvador.
A pesar de las prohibiciones, cárceles y martirios, prevaleció esa esperanza indetenible que ilumina la vida y da fuerzas para vencer todos los obstáculos con la convicción de que, en Jesús y en cada ser humano, “el Amor es más fuerte que la muerte”. Luz y ánimo necesarios en este momento de muerte nacional, cuando de la ilusión revolucionaria de ayer no quedan sino las cenizas y privaciones; ineptitud, ideologías políticas desacertadas y corrupción, echaron a la hoguera las extraordinarias oportunidades de cambio


EL BACHAQUEO DEL SIGLO XXI

El bachaqueo es a todo evento un producto de la revolución, es la forma de comercio “hecha en socialismo”. Es un circuito comercial típicamente informal y paralelo a los canales regulares.

Mientras la buhonería tradicional vende bienes y servicios en competencia con los sectores formales, el bachaqueo lo hace a veces de modo más bien complementario, y en otros más bien sustitutivo, de los canales formales que transan productos regulados o de muy difícil acceso, vendiéndolos a precios muy por encima del costo oficial o del que tendrían si no se produjeran muy por debajo de su demanda efectiva.
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Abarca desde la harina precocida, hasta las divisas, pasando por toda mercancía cuya demanda está insatisfecha y tiene precios controlados. Atiende al mercado nacional y vía contrabando a la demanda externa. Incluye a comerciantes de todo tamaño, a empleados públicos y agentes privados. Es todo un sistema distributivo paralelo que surge de la oportunidad de adquirir bienes baratos, con la complicidad de funcionarios corruptos, para ser vendidos a precios de mercado, formando una cadena opaca para los controladores ojos oficiales, pero completamente transparente para los funcionarios encargados de manejar las importaciones o la permisología de movilización de mercancías nacional o internacionalmente, en una perfecta unión cívico-militar comercializadora que distribuye mercancías mejor que el gobierno.
El bachaqueo crea varios dilemas. Plantea la disyuntiva entre emplearse o no en el sector formal, o de abandonar el empleo, para dedicarse a una actividad que no requiere mayores estudios, es muy bien remunerada, no paga impuestos ni necesita permisos oficiales. Por su parte, el consumidor se debate cuándo y dónde bachaquear para minimizar riesgos, pérdidas de esfuerzos y tiempo, mientras que hay inversionistas deliberando si hacer negocios bachaqueando, y el gobierno medita si combatirlo con descuidada tolerancia o erradicarlo de veras.
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La revolución ha sido pródiga en negar realidades que los demás vemos y también en postular realidades delirantes que solo ellos perciben. En este sentido el bachaqueo termina siendo una  expresión esquizofrénica representativa de la revolución porque su padre, el Socialismo del S.XXI, niega su  paternidad en lugar de reconocerlo como su producto. Lo señala como la causa del problema que el bachaqueo, precisamente, soluciona: el aprovisionamiento de bienes.
En la narrativa oficial el bachaquero es un delincuente, para el consumidor es una solución irritante. Se trata también de un discurso que altera patológicamente el flujo causa-efecto empeñándose a contracorriente de economistas, sociólogos y hasta del ciudadano común en hacernos ver que es la carreta la que empuja a los bueyes. Acusa a los bachaqueros de ser una extensión de Consecomercio y Fedecámaras cuando son sus competidores enemigos comerciales estructurales. Amenazan al bachaquero con penas en un sistema que brilla por su impunidad, olvidando que es con más producción y menos controles la solución. Más efectivo sería penalizar al funcionario corrupto, pero los grandes bachacos ya son parte del poder y matarán hormigas para guardar las apariencias.
El dirigismo, la centralización, el racionamiento y selvas de controles son típicos del Socialismo del S.XXI, por lo que el bachaqueo resulta ser no una falla del sistema, sino su directa consecuencia, no el agente de una guerra económica que solo ellos ven en su paranoia. En  todo caso sería el encargado de hacerla por ellos. Es consustancial al régimen pues no hay bachaqueo sin controles de precios, ni controles de precios sin bachaqueo. Es lo mismo que el mercado negro cubano o el de la vieja URSS.
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En los chavistas figura como un factor desestabilizador. Fidel castro ve en la escasez un poderoso aliado que diluye más tensiones de las que crea, pues si bien es un factor irritante, no es menos cierto que al mantener ocupada a la población en la procura de bienes escasos, termina siendo un mecanismo consumidor de las energías necesarias para la protesta social y política. El bachaquero luce así cual aliado de la revolución.
Pero Marx en su teoría de la historia señaló que en el capitalismo los rendimientos de la agricultura serían decrecientes, los de la manufactura serían constantes y que conjuntamente con el afán egoísta de lucro del capitalista producirían un ejército de reserva de desempleados, una polarización creciente de clases, la concentración de la industria, beneficios decrecientes y crisis recurrentes que terminarían significando ser “las semillas” de la propia destrucción del capitalismo. Pero el panorama profetizado por Marx se parece más bien a la situación de nuestra agricultura, a nuestra empobrecida Venezuela y al egoísmo gubernamental para quien  guardar las apariencias vale más que la ayuda humanitaria internacional.
El chavismo es tan patógeno que el bachaqueo no es el hijo desnaturalizado que devora a su creador, es el engendro de un sistema que muere de sí mismo.



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