Semanario La Razón

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La exdirectora del Programa para las Américas del Centro Carter, Jennifer McCoy, afirma que los políticos juegan a obtener el Poder total y eso no resuelve el deterioro de la nación
Jennifer McCoy
Venezuela le es familiar a Jennifer McCoy desde 1983. Presenció el viernes negro y fue mediadora por el Centro Carter en la Mesa de Negociación y Acuerdo que sostuvieron la oposición y el Gobierno entre 2002 y 2003 luego del Golpe de Estado. En la actualidad, es directora del Instituto de Estudios Globales de la Georgia State University y días atrás participó en un foro auspiciado por el Observatorio Global de Comunicación y Democracia junto a la UCV.
¿Qué diferencia percibe entre esa primera Venezuela que vio en 1983 y la actual?
He visto muchos altos y bajos en estas décadas. Los años 80 y 90 no fueron fáciles. Una cosa que me llama la atención es la capacidad de adaptación de los venezolanos y cómo logran ajustar su vida a los cambios de una manera impresionante. Cambios drásticos que se relacionan, directamente, con el precio del barril de petróleo.
Existe un patrón en esos cambios. Venezuela cuenta con las mayores reservas petroleras del mundo y pese a la caída del precio del crudo, la gente tiene la esperanza de que volverá a subir.
Parece que de nuevo esperan ese repunte pero temo que ahora, en el siglo XXI, el mundo está cambiando y no se puede depender tanto del petróleo. Hoy los niveles de producción de hidrocarburos son mayores, Estados Unidos (EEUU) está produciendo mucho y la OPEP no tiene el poder como otrora; y existen otras alternativas como las energías renovables.
Considero que esto es imprescindible al momento de pensar en nuevas estrategias para el desarrollo económico de Venezuela.
¿Cómo observa en el panorama político actual?
La política no deber ser vista sólo como una lucha por el poder. Es natural que se dé esa lucha pero existe un contexto de polarización, acentuado por visiones de país muy diferentes y una lógica por parte de los líderes políticos que se basa en ganar todo o nada, tener el poder total.
Esto lleva al país a una situación de falta de comunicación y capacidad de resolver, juntos, los problemas más urgentes de la población. Si esos líderes sólo apuestan todo por el poder político es difícil que, a la par, resuelvan los problemas económicos y sociales. Ese es el dilema que veo en este momento.
Me parece que la gente espera a que los políticos resuelvan la situación y no le importa quién lo resuelva sino que resuelva. Pero los políticos piensan que primero se debe dar un solución política y eso implica un tiempo en el que los malestares económicos y sociales pueden hacerse insostenibles.
MCCOY CONSIDERA QUE LA POLÍTICA NO DEBER SER VISTA SÓLO “COMO UNA LUCHA POR EL PODER”
¿No hay otra alternativa?
Que se dispongan acuerdos, en conjunto, sobre algunas políticas públicas para mejorar la situación o que el Gobierno tome ciertas decisiones. El Ejecutivo, por ejemplo, tiene la capacidad y el poder para hacer cambios en las políticas cambiarias y así eliminar las distorsiones que generan varios tipos de cambio.
Sin embargo, pese a que el Gobierno sí tiene la capacidad de hacer esos cambios no quiere ser el único que acarree con el costo político que eso implica. Y la oposición tampoco quiere compartir ese costo, pues ve la posibilidad de llegar al poder. El problema reside en que el pueblo está en el medio.
¿Qué opina de las elecciones parlamentarias de 2015?
Demostraron que hay un deseo de cambio en los venezolanos, bien sea un castigo al Gobierno por su desempeño o un resultado positivo de la oposición.
Pero considero que debe haber un aprendizaje importante para todos los actores políticos y es que si no trabajan para resolver las necesidades del pueblo, no van a recibir apoyo en futuras elecciones. Y se arriesgan a una reacción, previsible, de la gente en la calle y eso puede conducir a un estallido social.
Ese es un riesgo cuando no sólo hay tensión, sino que hay ansiedad e incertidumbre respecto a la realidad que se vive a diario. Más aún cuando la gente debe afrontar la escasez de alimentos y no sabe, a ciencia cierta, cuál es el rumbo político del país. Es una realidad muy difícil para que las personas puedan vivir así.

“Pensar en las necesidades de la gente”

¿La clase política aprendió algo tras la Mesa de Negociación y Acuerdos de 2002 y 2003?
En esa época los políticos jugaban por el poder total. La oposición quería salir del presidente Chávez y éste no quería. El bloque opositor trataba de usar la presión en la calle y, a la vez, acudir a la mesa; pero fracasó en varios intentos de remover a Chávez y se decantó por la vía constitucional, el Referéndum Revocatorio.
Tras la derrota en el revocatorio y boicotear las elecciones para la AN en 2005, vio cómo el Gobierno controlaría todas las instituciones. No obstante, luego de 10 años, con la victoria de 2015 demostró un aprendizaje: desarrolló la unidad, no se encerró en salir del Gobierno e incluyó mensajes más positivos.
Pero, parece que hoy la oposición tuviera la misma estrategia del pasado: presión a partir del pueblo y salir del Presidente mediante una renuncia, enmienda constitucional o revocatorio.
En contraparte, el Gobierno, gracias al presidente Chávez, aprendió a emplear la polarización como una estrategia electoral exitosa. Aunque en 2015 el presidente Maduro no tuvo éxito al replicar esa fórmula y no se observa, dentro del chavismo, un aprendizaje que genere un cambio de estrategia.
Sin embargo, el Gobierno necesita un cambio: no anclar los mensajes en echar la culpa al sector privado y pasar a tomar acciones para resolver la coyuntura económica y social.

No sólo aprender del pasado

La investigadora señala que, en lo político, la sociedad venezolana ha demostrado una capacidad de aprendizaje importante pero aún tiene una tarea pendiente:
-A partir del “Trienio Adeco” se aprendió sobre la necesidad de un Gobierno compartido, lejos de un mandato unilateral por un solo partido.
-El bipartidismo de AD y Copei llevó a que, en las elecciones presidenciales de 1998, los candidatos de los partidos tradicionales quedaran por fuera.
-Entre 2005 y 2015, un partido tuvo el control de todas las instituciones del país y hoy eso lleva a un nuevo aprendizaje: acostumbrarse a un Gobierno dividido (Ejecutivo-Legislativo).
-Existe una nueva realidad que demanda un ajuste en los actores políticos.
-El problema y el reto está en no sólo aprender de situaciones previas, hay que aprender del presente con miras al futuro.
¿Existe la posibilidad real de que la oposición y el Gobierno entablen un mecanismo de diálogo y negociación para la resolución pacífica del conflicto?
Siempre es posible. Lo primero es ver los intereses de ambos lados y dar algunas garantías. Por ejemplo, las personas que han apoyado los programas del Gobierno, las misiones sociales, si piensan que van a perder estas reivindicaciones se van a resistir y van a votar a favor del chavismo.
También hay personas que piensan en 2002, después del golpe de Estado, cuando gobernadores y diputados fueron perseguidos durante las horas posteriores al golpe. Tienen miedo de que eso se repita. Hay que pensar en las garantías que cada lado puede ofrecer al otro.
La otra cosa es que si la oposición y el Gobierno persisten en el pensamiento de un juego total por el poder, ganar o perder todo, sin pensar en las necesidades actuales de la gente, ponen en riesgo al país. Me parece imprescindible que piensen en esto: ¿cómo pueden tomar medidas para mejorar la situación diaria y evitar violencia en la calle?

Enfrentar la corrupción con justicia transicional

¿Ha investigado cómo incide la corrupción en la política venezolana?
La corrupción es un tema grandísimo para enfrentar. Enfrentarla toma mucho tiempo cuando ya existe una cultura de corrupción en la sociedad, a veces generaciones. Se puede aprobar una ley de acceso a la información para dar transparencia a través de la justicia o de la presión social.
También podrían pensar en una amnistía, por cierto tiempo, para la corrupción. En algunos países se ha visto una amnistía de impuestos para aquellos que no han pagado, el Gobierno da un año de amnistía y después hay que pagar, podría pensarse para la corrupción.
Es algo como la justicia transicional cuando se habla del fin de un conflicto y se demandan responsabilidades por violación a los Derechos Humanos (DDHH). Podrían pensar en algo así para la corrupción. Justicia transicional: una parte amnistía y otra parte en la que se hagan recaudaciones de los fondos robados.
¿Por qué altos exfuncionarios acusados de corrupción gozan de libertad en EE.UU.?
No manejo casos en específico, pero sí he leído que EEUU ha hablado con gente involucrada con la droga y el narcotráfico. Siempre la justicia estadounidense ofrece la posibilidad de que esas personas negocien una pena reducida a cambio de información.
Insisto, no sé de casos específicos pero, por lo general, si la justicia ve algo extraño puede dar pie a negociaciones para obtener información no sólo del caso en cuestión sino de casos más significativos.
El juicio que enfrentan en EEUU los sobrinos de la primera dama, Cilia Flores, acusados de participar en tráfico de drogas, ¿puede afectar, a nivel político, al Gobierno nacional?
Hoy, en el siglo XXI, vivimos un mundo en el que hay leyes internacionales a favor de la transparencia, no corrupción y los DDHH, son normas que procuran evitar la impunidad en todo.
Antes era diferente, se negociaban salidas de varios tipos de gobiernos que tenían elementos criminales, violaciones de DDHH o que salían de conflictos o guerras civiles, se podía hacer mucho con la amnistía general. Hoy no.
Si en Venezuela hay gente que tiene miedo de ser entregada a la justicia de los EEUU, va a tratar de evitarlo y si esto llega a tener implicaciones para un cambio de gobierno, sin duda, va a tener impacto político.
“SI LA OPOSICIÓN Y EL GOBIERNO PERSISTEN EN EL PENSAMIENTO DE UN JUEGO TOTAL POR EL PODER, GANAR O PERDER TODO, SIN PENSAR EN LAS NECESIDADES ACTUALES DE LA GENTE, PONEN EN RIESGO AL PAÍS”
Representantes del Gobierno, en cada proceso electoral, argumentan que el expresidente estadounidense Jimmy Carter catalogó nuestro sistema como el mejor del mundo. ¿Ha cambiado el sistema electoral venezolano desde esa fecha al día de hoy?
Eso es una historia vieja. ¡Je!. Fue una frase tomada fuera de contexto. Él estaba contestando una pregunta en un foro sobre cómo se veían las elecciones en México, Venezuela y EE.UU., y comparó los tres casos. Habló cosas buenas de los tres casos. Al referirse a Venezuela, explicó cómo se podían auditar las maquinas de votación con las papeletas.
Carter dijo que, bajo su punto de vista, era uno de los mejores sistemas de voto en el mundo. Pero también expresó, y lo ha indicado varias veces, que hay problemas grandes con el proceso electoral en Venezuela, puntualmente, con el financiamiento de las campañas y el ventajismo electoral. Entonces, hay que tomar todo esto para entender la respuesta de él.
Al mismo tiempo, yo diría que los resultados de diciembre de 2015 demuestran que las máquinas funcionan. La oposición ganó, las máquinas mostraron esa victoria y el Gobierno aceptó los resultados. Así que yo creo que las máquinas son muy buenas, funcionan.

Elecciones en América Latina y EEUU

Lo que puede venir

McCoy enfatiza que el acontecer político y electoral de la nación puede deparar escenarios distintos a una enmienda constitucional o un revocatorio:
Un Gobierno de unidad nacional.
Ambos bloques pueden negociar sin afectar el mandato presidencial.
Negociar la amplitud y despolitización de las instituciones y Poderes Públicos.
La oposición, en 2002, tuvo la posibilidad de negociar puntos como las instituciones y no quiso, su meta era salir del presidente Chávez.
Hoy no está clara la meta de la oposición: salir de Maduro, negociar cambios en las instituciones o negociar políticas en torno a las necesidades del país.
La enmienda constitucional, si se ve como una solución impuesta por un grupo y no por una consulta electoral puede producir reacciones en el chavismo.
Un Referéndum Revocatorio también polariza, es un elemento divisorio que implica decidir: sí o no.
Una postura de “no vamos a ceder hasta el final”, incrementa los riesgos de reacción de cualquier lado.
Usted conoce al expresidente Carter, ¿cómo se encuentra luego del diagnóstico médico que recibió?
Se sabe que tiene cáncer pero está recibiendo su tratamiento. El tratamiento está funcionando y lo más importante es que él está trabajando.
¿Cómo ve el panorama político estadounidense de cara a la elecciones presidenciales?
Con mucha incertidumbre, es sorprendente. La realidad es que los mensajes populistas están haciendo eco en la gente. Un eco que se fundamenta en el temor. La gente que apoya a Donald Trump, por ejemplo, tiene mucho temor económico e inseguridad sobre el contexto internacional y el terrorismo. Cuando las personas están ansiosas son más susceptibles a mensajes populistas.
¿Por qué este año los extremos toman fuerza en ambos bloques, bien sea con Trump por el lado republicano y Bernie Sanders por lo demócratas?
Hay una polarización creciente. Cuando la polarización tiende hacia dos extremos, impide la comunicación y gobernabilidad. Eso lo hemos visto, durante varios años, entre el Presidente y el Congreso.
No es posible una negociación y sacrificios mutuos para llegar a decisiones importantes. Esto ha sido un problema. Lo que conlleva a un aumento de la polarización y así lo demuestran las candidaturas que se inclinan hacia los extremos.
Hacia la izquierda, es una sorpresa cómo crece Sanders con el apoyo de los jóvenes y al lado derecho no sólo está Trump sino que Ted Cruz y Marco Rubio son los más conservadores.
Al final, ¿pueden imponerse esos sectores?
Es posible. Aunque, por el lado demócrata, Hillary Clinton tiene una maquinaria política mucho más potente pero Sanders se encuentra por encima de cualquier predicción inicial en torno a su candidatura.
Luego de los recientes procesos electorales de Argentina, Venezuela y Bolivia, ¿se puede hablar de tiempos de cambio en lo político?
La política siempre se comporta como las olas y estamos viendo otra ola. Hay que entender que los gobiernos de izquierda, en América Latina, llegaron al Poder en un momento muy bueno a principios del siglo XXI.
En esa época los precios de las materias primas estaban en alza: petróleo, cobre, gas natural, la minería y ciertos rubros de la agricultura. Ese movimiento de izquierda tuvo mucho éxito porque sus gobiernos gozaron de muchos ingresos.
Sin embargo, desde la crisis financiera de EE.UU. y con la caída en el poder de demanda de China, los últimos años han sido difíciles para esos gobiernos. Así que es natural que la gente busque alternativas y, vale resaltar, no es una cosa sorprendente lo que está pasando. Repito: la política se comporta como las olas.
Con esta nueva ola, ¿el chavismo perdió peso en la región?
Es evidente que el peso del chavismo en la región ha bajado. El mundo entero observa las dificultades que afronta Venezuela. Además, no cuenta, como en otros tiempos, con un gran flujo de ingresos para financiar a otras naciones.
Y tampoco tiene la misma fuerza política internacional porque debe afrontar lo que ocurre dentro de Venezuela, son tiempos difíciles para darse el lujo de buscar mantener espacios de influencias en el exterior.



Venezuela: pasó de ser rica a pobre de solemnidad

La inmensa riqueza petrolera de los últimos tiempos sólo ha servido para alimentar un empleo público exagerado, innecesario y precario


Absalón Méndez Cegarra
Venezuela es un caso curioso en la historia de la humanidad. En el pasado, la humanidad vio surgir grandes imperios, construidos, mediante guerras expansionistas y exacciones tributarias a la población, que reinaron por siglos; pero, la corrupción, en todos los sentidos, terminó destruyéndolos. En el presente, vemos, también, como grandes potencias que se repartieron el mundo después de la Primera y Segunda Guerra Mundial, se debilitan considerablemente. Venezuela, no es ninguna potencia, tampoco, amenaza para nadie. Venezuela, desde la época del poblamiento indígena, pasando por el largo coloniaje español, hasta las primeras décadas del siglo XX, carecía de importancia económica, política y social, inclusive, hechos históricos de significación como la guerra de independencia, fueron desmeritados en el viejo continente por autores como Carlos Marx, en su referencia al Libertador Simón Bolívar. Venezuela, era, un punto más en el planeta tierra. Comienza a tener cierto relieve internacional cuando del subsuelo territorial emana petróleo, justamente, el combustible que necesitaban los países que habían emprendido el camino hacia el progreso económico y el desarrollo social, mediante la creación y puesta en marcha de la industria manufacturera.
El petróleo, “excremento del diablo”, para utilizar la calificación hecha por ese gran venezolano, de grata recordación, que fue el doctor Juan Pablo Pérez Alfonso, nos colocó en la mira de varios países, principalmente de los Estados Unidos de Norteamérica. La explotación petrolera, desde un comienzo, y, aun con las limitaciones en términos de beneficio, dotó al país de un caudal de recursos, que, mal o bien administrados, fue permitiendo un proceso de modernización y mejoramiento de la calidad de vida de la población, que, sin llegar a la cumbre, algunos indicadores nos colocaron a la par de muchas naciones con mayor grado de desarrollo, hecho que la ceguera gubernamental de los últimos 17 años, no le ha permitido ver, por el contrario, ha sido utilizado como argumento para condenar y rechazar 40 años de democracia representativa.
El petróleo, y, ese es el sentido que damos a las palabras sabias de Pérez Alfonso, ha sido para Venezuela, una bendición y una maldición al mismo tiempo. Una bendición, porque nos permitió salir de la barbarie. Y, una maldición, porque dio lugar a la creación de una sociedad parasitaria, rentista, dispendiosa, corrupta, contraria al trabajo creador y a la importancia del esfuerzo individual y colectivo para mejorar, superar etapas de privación y progresar, todo ello potenciado al máximo en la actualidad. Venezuela, por arte de magia de un gobierno corrupto, pasó, cual deseo pedido a la lámpara de Aladino, de una situación de riqueza, al menos aparente, a una situación de pobreza evidente. El venezolano común y corriente, entiéndase por tal, los sectores campesinos, obreros del campo y la ciudad, pescadores, profesionales, maestros, profesores, militares no enchufados, técnicos, funcionarios públicos, gerentes medios, amas de casa y trabajadores en general, ha pasado, de la noche a la mañana, de un cierto mejoramiento de su calidad de vida a un estadio de pobreza extrema.
El gobierno nacional, sin una gota de pudor, desvergonzado, sin una mínima dosis de autocrítica, bajo la falsa creencia que lo está haciendo bien, acaba de iniciar una campaña publicitaria que tortura e impacienta, por lo torpe y absurda. Nos referimos a las cuñas publicitarias de prensa, radio y televisión mediante las cuales el gobierno pide piedad, clemencia y conmiseración al pueblo venezolano, porque, ayer, éramos ricos, gozábamos de un ingreso por barril de petróleo vendido de 125$ y, hoy, por culpa de los Estados Unidos, principal comprador de petróleo, país que ha decidido producir petróleo de manera anti ecológica, recibimos por cada barril de petróleo vendido, sólo 25$. Es decir, hemos dado un salto cuali-cuantitativo, de la riqueza a la pobreza.
La torpeza del publicista gubernamental es extrema, pues, el resultado de la campaña, es totalmente contrario al objetivo pensado. Sí, con dicha campaña, se busca, además de generar lástima, evadir responsabilidades y atribuírselas, como siempre al país del Norte, lo logrado por el gobierno es la irritación de la población, su malestar y rechazo, pues, con natural lógica, el pueblo se pregunta por el destino dado a las ingentes sumas de dinero que ingresaron a Venezuela cuando el petróleo alcanzó la cifra de 125 $ por barril.
La inmensa riqueza petrolera de los últimos tiempos sólo ha servido para alimentar un empleo público exagerado, innecesario y precario, clientelar, catapultar la corrupción y la tendencia de algunos sectores al enriquecimiento fácil, sin importa cómo, dónde y cuándo. El robo de los dineros públicos, el gasto público inútil, la creación de una “nomenclatura” que se ha enriquecido en el ejercicio del poder, la mediocridad e incapacidad gubernamental, la ausencia de proyecto de país, la subordinación a los imperativos del gobierno cubano, es lo que nos ha llevado al estadio de pobreza extrema en el que nos encontramos los venezolanos. Para nada ha influido el precio del barril de petróleo.
Venezuela es un país pequeño, con poca población, con un territorio casi despoblado, con grandes oportunidades y riquezas naturales. Venezuela tiene y ha tenido todo para ser un país de vanguardia en muchos campos; pero, como suele suceder, en su dirección y conducción hemos tenido y tenemos los más grandes pillos del mundo que la han destruido totalmente.
El nuevo líder y vocero del PSUV, el jefe de la bancada parlamentaria oficialista, en nota publicada por el diario El Universal (28-02-2016), señaló, que, Venezuela, en enero de 2014, recibió ingresos por el orden de 3 mil quinientos millones de dólares y, en enero de 2016, sólo ingresaron 77 millones de dólares. Cualquier país del mundo se sentiría feliz con un ingreso mensual como el citado. Venezuela, no, es infeliz, está pobre, ahora, no puede comprar los bienes y servicios que el pueblo necesita, la expresión pueblo, aquí, en boca del parlamentario, refiere a su grupo en el poder, por cuanto la otra noción de pueblo, la del nuevo Vice-Presidente de Producción, vanagloriado por Fedecamaras, es la de la población que sufre, a la que se le ha impuesto, sin anestesia, un paquetazo neoliberal, con el cual se ha dictado una prohibición de salida del país al 95% de la población nacional, es decir, quedamos, además de pobres, presos en nuestro propio país.
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