Demoliendo puentes


Demoliendo puentes


Maduro y Zapatero



Todavía estamos a tiempo para que las urgencias sociales encuentren canales políticos para procesarlas en paz, pero se acortan los lapsos. No les perdonarán que sacrifiquen a la población por eternizarse en el poder. Si creen que pueden rescatar el apoyo popular perdido, deberían atreverse a someterse a una consulta electoral en vez de bloquearla
Preocupa que ante la crisis en todos los órdenes que nos aquejan como nación, la cúpula en el poder vaya destruyendo los canales de comunicación y acuerdo para enfrentarla. Se atrinchera con sus correligionarios y sus argumentaciones, haciéndose sordo a un clamor nacional de cambio y rectificación, considerando toda opinión y planteamiento divergente a su punto de vista como una conspiración.
En vez de tomar nota de lo que el soberano ha manifestado de manera clara, el veredicto de las elecciones parlamentarias fue contundente al respecto, se empeñan en ignorarlo y actuar en contravía. Cuando gozaron del favor popular les parecía inapelable su manifestación, pero ahora que le es adverso no saben leer lo que les está diciendo la gente.
Utilizar de manera abusiva los hilos de poder que aún controlan, que no son pocos, para intentar neutralizar un anhelo nacional de cambio tiene patas cortas. Más temprano que tarde se hará inviable. Hablar en nombre del pueblo cuando ya el mismo no se reconoce en esas palabras no deja de ser un esfuerzo condenado al fracaso.
En vez de considerar la activación de un referendo revocatorio presidencial como una amenaza, debería ser calificado como una oportunidad de dirimir nuestras diferencias en paz, respetando al otro.Colocarle trabas y retrasos injustificados es bloquear una las válvulas para canalizar las tensiones de todo tipo que experimenta la sociedad venezolana para darle un canal constitucional, electoral, pacífico e institucional al drama que vivimos y sufrimos.
Demoler los puentes del entendimiento y el diálogo es insensato porque nuestros problemas son tan graves que necesitamos preservar ese espacio para encontrarnos en medio de nuestras diferencias para atender las necesidades de la gente.
Todavía estamos a tiempo para que las urgencias sociales encuentren canales políticos para procesarlas en paz, pero se acortan los lapsos. No les perdonarán que sacrifiquen a la población por eternizarse en el poder. Si creen que pueden rescatar el apoyo popular perdido, deberían atreverse a someterse a una consulta electoral en vez de bloquearla.
No se trata de eliminar a los contrincantes sino de permitir que un mecanismo constitucional como el referendo revocatorio haga posible que sean los ciudadanos quienes dictaminen con su veredicto sobre una ruta para atender nuestras urgencias como país.
Ello supone respetar los derechos políticos y los mecanismos institucionales que nos hemos dado, sin bloquearlos mediante argucias que los desnaturalicen, sólo en este terreno se hará posible el diálogo y la negociación necesaria para procesar las consecuencias del veredicto que resulte.
Demoler los puentes, pretendiendo con ello extender un ejercicio del poder que reclama a gritos someterse al escrutinio popular de donde se originó, es una operación suicida, que prolonga por un breve plazo su dominación, cada vez más frágil, obligada a apelar con más frecuencia a la represión, pero sobre todo porque más temprano que tarde lamentarán que los canales destruidos serán necesarios para hacer posible un transición en paz, cuando se percaten que su tiempo en el poder se ha terminado, y como nos enseñan otras experiencias históricas, llega el momento en el cual hay que sentarse en una mesa de negociaciones.
A menos que ya se hayan secado todos los ideales y sólo queden intereses crematísticos de una camarilla que deje guindados de la brocha a quienes creyeron que su motivación era noble, y que cada día desconfía más de esa dirigencia.
Siempre habrá la posibilidad de reconstruir los puentes demolidos para que la sociedad venezolana encuentre cómo labrar un sendero de libertad y equidad que este elenco político actual le prometió y la defraudó. No será fácil, pero mejores tiempos vendrán para nuestro país.

El Decreto “del miedo” es un zarpazo a la democracia


 
Nicolás Maduro
Esta situación, sin duda, lleva al país a una de las horas más oscuras: la amenaza letal contra nuestras libertades y nuestros derechos.El Gobierno le ha declarado abiertamente la guerra a la Democracia, a la Constitución y a la voluntad del pueblo. Maduro quiere convertir a Venezuela en un Estado pretoriano y controlador; quiere infundir miedo
La voz de la represión y el carácter autoritario del Gobierno se ha disfrazado con el nombre de “Decreto de Estado de Excepción y de la Emergencia Económica”. Dejando ver su cara más déspota, el presidente Maduro se ha auto adjudicado una especie de Habilitante que, lejos de estar dirigida a resolver la crisis y las necesidades del pueblo, le da facultades para tomar cualquier decisión sin ningún tipo de freno.
Basta con leer las consideraciones que motivaron el Decreto para entender que la causa real de dicha creación es imponer un freno a la gran movilización y apoyo que ha logrado aglutinar la alternativa democrática en torno al Referendo Revocatorio y al respaldo que hoy acompaña a la Asamblea Nacional, a pesar del bloqueo gubernamental. Este Decreto es un ataque directo a las intenciones, decisiones y acciones que queremos activar, es la pretensión de colocar un muro de contención al camino que hemos abierto los venezolanos hacia el cambio, a la energía de la gente que dice ¡ya basta! a los atropellos, a la inseguridad, al hambre.
La gran preocupación de Nicolás Maduro no son los problemas ni las calamidades que vive nuestro pueblo, el gran problema para este hombre, es la existencia de una alternativa democrática que cuenta con el respaldo popular y que sabe que lo han emplazado en el camino constitucional para su salida del poder.
Una de las excusas utilizadas para crear este decreto es que “la oposición política venezolana reiteradamente, a través de múltiples mecanismos, ha pretendido menoscabar la voluntad popular, asediar a todos los Poderes Públicos y someter a zozobra a los venezolanos”. Lo que no vio el presidente, es que se estaba describiendo a sí mismo, a su régimen dictatorial y a su cúpula, que hoy ante el pánico de perder el poder, lanza medidas desesperadas dándole un duro golpe a la institucionalidad democrática del país.
Esta situación, sin duda, lleva al país a una de las horas más oscuras: la amenaza letal contra nuestras libertades y nuestros derechos.El Gobierno le ha declarado abiertamente la guerra a la Democracia, a la Constitución y a la voluntad del pueblo. Maduro quiere convertir a Venezuela en un Estado pretoriano y controlador; quiere infundir miedo, pero nosotros, los verdaderos demócratas tenemos de nuestro lado la verdad, la ley y el apoyo de todo un pueblo que está cansado de tantos atropellos. No hay manera de que nos hagan retroceder en nuestra convicción. Maduro está revocado y por eso envía a sus voceros a decir que no habrá revocatorio, porque sabe que está perdido, que su hora terminó.
Hoy más que nunca le decimos al país que nuestro compromiso es con la Constitución, la democracia, la paz y el derecho inherente a la libertad con el que todos nacimos. Nuestro paso es firme, nuestra petición es clara y no hay decreto, decisión o represión que detenga a los venezolanos en su lucha, en la esperanza de una nueva Venezuela.

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