Semanario ABC de la SEMANA




ACUERDOS Y FUTURO



acuerdos
No hay que esperar a que se incendie la pradera
En nuestro país existe una larga tradición de rechazo a los pactos. Tal vez resuenen en nosotros las estipulaciones que Monteverde traicionó o el turbio episodio de las delaciones de patriotas que condujeron a que Miranda muriera en la prisión de La Carraca. Alguna influencia debe haber tenido en la conformación de las primeras capas de nuestra idiosincrasia, esa muestra de intolerancia expresada en un Decreto que condenaba a muerte a inocentes sólo por su nacionalidad. La guerra y sus actores, en una época en la que los militares guerreaban de verdad, concebía los acuerdos como rendición.
En 1958 hubo un acuerdo, suscrito por los principales partidos, entre las más relevantes élites de la nación. Mentes notables, intereses poderosos y un proyecto de país que había quedado en espera. Ese pacto tuvo como rasgo dominante soluciones para urbanizar, industrializar, educar, crear democracia y generar bienestar en un momento de salida de una dictadura con un precedente de incordios y luchas entre caudillos militares.
Punto Fijo fue un pacto virtuoso, pudo modernizar al país y alcanzar indicadores que durante varias décadas solo existían en el pequeño grupo de las naciones más avanzadas del mundo. Un período luminoso lleno de avances y en el que se logró que el impulso civil privara en el funcionamiento de las instituciones y en el desarrollo, contradictorio y accidentado, de la vida democrática. Tuvo, por supuesto, carencias, limitaciones y errores.
La urgencia de hoy llama a reunir, desde la resistencia social y la oposición política, un liderazgo plural, competitivo y solidario; partidos con noción de futuro y altura estratégica; un modelo alternativo de desarrollo acelerado, sustentable y con ansias de producir bienestar con responsabilidad social; las definiciones sobre las alianzas institucionales y políticas que soporten la viabilidad del nuevo compromiso sociedad/Estado y la disposición a los acuerdos en torno a una plataforma de objetivos/país  entre expresiones de los dos proyectos que han sido rudamente antagónicos durante estos casi dos decenios.
También distintos grupos de la academia, económicos y profesionales trabajan en alistar programas para dar gobernabilidad a los primeros tres años de la nueva gestión. Un tiempo que permita hacer bisagra entre la transición y el primer año del gobierno que se elija para un nuevo período constitucional. Está claro para todos que no hay lugar ni para la antipolítica ni para las exclusiones de quienes hayan dado su apoyo al actual gobierno sin cometer delitos de corrupción, narcotráfico o vulneración de los derechos humanos.
Estamos ante la oportunidad crucial de asumir el diálogo también como negociación sobre las características de la transición para que sea resolutiva, democrática y sobre los criterios para formar un nuevo Gobierno de Integración Nacional cuya pluralidad puede alcanzar hasta la participación de representantes de sectores e instituciones que han servido de base de apoyo al actual régimen.
Si existe una auténtica comprensión sobre la gravedad, profundidad y extensión de las crisis, no hay que esperar a que se incendie la pradera. Las fuerzas que dentro del oficialismo llaman a abrirle paso a la realización constitucional del referendo saben que bloquearlo ya no le sirve ni a Maduro, ni a ellos ni al país. Y eso, ya es algo, pensando en el futuro.
*Omitido un corto párrafo por razones de espacio

TRANSICIÓN

El pasado jueves el Centro de Estudios Políticos de la UCAB celebró en Caracas una conferencia sobre transición, con la participación de expertos nacionales e internacionales.
Tomándome la libertad de sintetizar con los riesgos que ello implica, la extensa discusión que allí tuvo lugar, puntualizaré los cuatro elementos que se plantearon como condiciones necesarias para  una transición exitosa desde un sistema autoritario hacia una democracia saludable. Estos son:1.- movilización ciudadana que genere presión suficiente a quien ostenta el poder, 2.- negociación de las partes bajo el convencimiento de que la situación reinante es insostenible, 3.- una élite política en condiciones de administrar tal proceso, y 4.- una unidad sólida –en visión y acción– de dicha élite en torno al objetivo común. Si analizamos estos puntos en el contexto venezolano, resulta difícil concluir que en los actuales momentos en el país se está desarrollando un proceso de transición, al menos en el sentido que arriba hemos señalado.
protesta-venezuela
El nuestro no es un territorio en paz. Así lo evidencian las cifras del Observatorio Venezolano de Conflictividad Social, las cuales revelan que en Venezuela se producen un promedio de 21 protestas al día. Sin embargo, estas manifestaciones carecen del carácter político que les permitan conectarse a lo largo y ancho del país para, así, generar el efecto contundente que coloque al Gobierno en situación de apuro ineludible. Es distinto, por ejemplo, arremeter contra un supermercado de manera puntual, desahogando la angustia por conseguir algún producto de la cesta básica, que salir a la calle a emplazar al Gobierno con el objetivo de recibir respuestas concretas a las necesidades. La sistemática represión que desde el ejecutivo se ha aplicado durante los últimos años a la protesta con forma, intensidad y excesos según la circunstancia amerite, ha alimentado el temor en los venezolanos. Si además unimos a esto el valor que las personas le asignan al voto como instrumento de cambio político reforzado a raíz de los resultados del 6D, lo que les brinda una alternativa de bajo riesgo para canalizar sus deseos, terminamos delineando un escenario en el cual la activación de un tejido nutrido de protesta de calle parece poco probable.
En cuanto a negociaciones, su factibilidad depende de que ambas partes estén convencidas de lo insostenible de la situación, y de que ellas estén dispuestas a conceder algunas prebendasen el proceso. En este sentido, la oposición reunida en la MUD tiene años denunciando las graves consecuencias del modelo impuesto por quienes administran al país. El Gobierno, por su parte, da señales claras de no percibirse a sí mismo en medio de una situación de carácter insostenible y centra su apuesta en la premisa de que goza de suficiente margen de maniobra para sortear la tempestad y alcanzar aguas más favorables. Por lo tanto, para el Gobierno el camino a seguir es continuar en batalla, concebida ésta bajo la lógica militar de pulverizar al enemigo. La negociación no forma parte de sus planes. Entonces se afana en arrastrar el Referendo Revocatorio hacia el 2017, momento en el que supone puede manejar un conjunto de elementos a su favor.
Considera el Gobierno también que en materia económica ocurrirá algún milagro de esos que solían rescatar al ex presidente Chávez en momentos apremiantes que les permitirá generaren la población la sensación de “giro de rumbo” hacia la recuperación, otorgándoles la posibilidad de llegar a las presidenciales de 2018 en condiciones competitivas prescindiendo entonces, o quizás antes, de la figura de Maduro. Ante estas circunstancias, la oposición sabe que cualquier llamado del Gobierno a dialogar no persigue otro objetivo que el de comprar tiempo, situación a la que la MUD no puede ni debe prestarse.
Con respecto a la existencia de una élite política capaz de transitar ventarrones aún más hostiles que los que hasta ahora hemos vivido, es preocupante lo difícil que resulta visualizar tales actores en la acera oficialista; en los procesos de transición la figura del “héroe de la retirada” es un elemento altamente deseable, y aquí no podemos sino orar porque tal figura surja en el momento requerido. Por su parte, al frente de las organizaciones políticas que conforman la MUD encontramos, casi en su totalidad, a líderes jóvenes que han asumido el protagonismo opositor durante estos 17 años de “revolución”, curtiéndose cada vez más en el oficio. El retoque ellos aún hoy afrontan, consiste en garantizar la consolidación de una unidad estable que transite el camino del cambio.
logo-ovcs
Si bien la MUD ha crecido a través del tiempo lo que le ha permitido alcanzar importantes conquistas, queda aún por fortalecer el concepto de unidad más allá de la necesidad puntual en lo electoral. La victoria final no consiste en un referendo ni en un cambio de Presidente o gobierno. La victoria consiste en la consolidación de un sistema democrático de calidad, que cierre para siempre la entrada a demagogos ansiosos de echar raíces en el poder a expensas de una población confundida y maltratada. Resulta terrible ver números que muestran un porcentaje importante de venezolanos dispuestos a contemplar como opción a oportunistas que surjan emitiendo cantos de sirena, sin importar que ello involucre renunciar a formas institucionales. La experiencia nos ha enseñado las consecuencias que este tipo de situación puede acarrear. Es tarea fundamental del liderazgo opositor cerrar de una vez por todas las puertas a tal posibilidad, y para ello es vital que posean una visión compartida de los elementos clave para alcanzar tal cometido.
Quienes conforman la MUD se encuentran en medio de un proceso que marcará el futuro de nuestra nación por décadas. Al final, la historia mostrará si la de estos tiempos se trataba de una élite que estuvo a la altura del compromiso que le tocó asumir.
Félix Seijas RodríguezFélix Seijas Rodríguez



¡Entre el hambre que grita!


EL HECHIZO
La llegada de Chávez al poder no solo dividió trágicamente en dos la historia del país, también desmembró a las familias, vecinos y amigos. Lo sabemos. Aunque, en lo particular, tengo algunos amigos chavistas, confieso que hay amistades que se quedaron accidentadas en el camino por el hirviente tema de la polarización. Otras se convirtieron en distancia y silencio para evitar confrontaciones. Era como colocar el vínculo en una caja fuerte y preservarlo de la tormenta.
En estos días, una amiga, querida, muy querida, chavista hasta los tuétanos, con quien me unen 30 años de cariño y con quien había pactado tácitamente en sembrar distancia para no dañar nuestra relación, apareció por mensajería de texto, con el tono cálido de siempre. Mi sorpresa tuvo rápida aclaratoria.
Mi amiga estaba deshaciéndose de algunas obras de arte y buscaba compradores. Mi deducción la redactó el sentido común: “¡Qué fuerte todo esto, que uno tenga que vender las obras de arte que posea!”. Y me respondió: “¡Así es, fin de mundo!”. La mesa estaba servida para desembocar en la conversación de todos los venezolanos: la espantosa crisis económica. Le hice énfasis en la forma obscena en la que muchos voceros del gobierno se han enriquecido, en las colas humillantes y en el pran como el único “hombre nuevo” de la revolución. No objetó ni una línea. Solo atinó a responder: “¿Y los bachaqueros? No sé cómo harán para salir de ellos si sacan a Maduro”.
Intenté explicarle que ellos eran consecuencia de un modelo económico equivocado que había distorsionado por completo las reglas de juego. Le hablé de la crisis moral que hace que el propio pueblo explote económicamente a su igual. Y entonces replicó con un parlamento clásico de la vieja izquierda: “el endiosamiento del TENER es producto del capitalismo”. Estábamos llegando a una calle ciega. Calle que se volvió oscura y peligrosa cuando me atreví a comentarle que nunca habría redención moral con tamaño atajo de corruptos en el poder y que Chávez era el autor intelectual de este desastre, poco menos que una estafa galáctica. Craso error. Me exigió que no irrespetara la memoria de sus amores y que el problema nuestro (el de la oposición, supongo) es que nunca entendimos que Chávez fue un padre para todos. “O casi todos”, se atrevió a conceder.
Preferí no explorar el tema de la paternidad irresponsable, tan abundante en nuestro continente. Entendí que estaba ante una persona hechizada. Aun hoy, en este calamitoso julio del 2016. Aún a pesar de esta dolorosa y rocambolesca pesadilla que padecemos todos y cada uno de los venezolanos. El reencuentro fue un fracaso. Se despidió con un “Chao, vale, que duermas bien”, lleno de espinas. Y ya. Olvidó o prefirió no decirme nada más con respecto a su urgencia de vender la serigrafía de un gran artista nacional. Supongo que habrá amanecido al día siguiente con la misma urgencia de TENER algo de dinero para luego TENER algo de comida.
Hay ciertos verbos que el socialismo quiso execrar de la dinámica de la vida humana. Y nunca pudo. En el intento se ha llevado por el medio a países enteros, con un pavoroso saldo de muertes, destierros, presidios y tristezas.
Se vende serigrafía a precio de oferta. En última instancia, se cambia por un saco de Harina Pan y 5 kilos de azúcar. Interesados, favor no hablar de Hugo Chávez.
chavistas

…y el amor que ciega




Publicar un comentario

VΞЛΞZUΞŁΛ+ @AlbedrioRadical

Fotos

Frase de Einstein

Entradas más populares de este blog

La gran carta de la oposición venezolana está aún por jugarse

El fin del mundo

Edición 607: La mentira del dólar cucuteño – Miguel Salazar.