“A la gente le dieron un cargo pero no trabaja”, por Hugo Prieto




Maduro decreta no laborable en sector público lunes, martes y miércoles santos. El presidente Nicolás Maduro decretó días feriados para todos los trabajadores públicos el lunes 10, martes 11 y miércoles 12 de la próxima semana para avanzar en obras de infraestructura por las lluvias, según sus palabras. De esta manera toda la Semana Santa será feriada para los trabajadores de la administración pública.
Al viejo estilo de los países comunistas y en particular de la extinta Unión Soviética, el Estado venezolano, bajo la conducción de Hugo Chávez, creó empleos, pero no para hacer suyo un principio socialista, a cada quien según su trabajo, sino para pagar la fidelidad y la obsecuencia. Así fue como pasamos de casi un millón de empleados públicos a casi 3 millones. Simultáneamente, se activó la petrochequera para pagar lealtades en el Caribe y en América Latina. Todos esos elementos hicieron que el boom petrolero se malbaratara de una forma impresionante.

Héctor Silva Michelena, economista y doctor en Ciencias Sociales -su trayectoria en el CENDES y en la Universidad Central de Venezuela ha marcado a varias generaciones de economistas venezolanos-, dice que las políticas equivocadas que se aplicaron aceleradamente a partir de 2007 nos han llevado a “un paso” de la crisis humanitaria. A la vuelta de la esquina pudieran caer del cielo comida, medicinas y artículos de primera necesidad, si como ocurrió en el cuerno de África, la ONU viene al rescate. “Sal a buscar un medicamento a una farmacia, aquí ni siquiera hay lo elemental”.

¿Cómo evalúa la situación económica del país?
No como mala, sino pésima, pésima, pésima, muy mala. Y no creo, como dicen algunos colegas míos que se tocó fondo, porque cuando uno toca fondo se apoya y emerge. No creo que se haya tocado fondo porque los responsables fundamentales del hundimiento siguen ahí. Y por lo tanto no hay fondo todavía, no hay en qué apoyarse. Muy grave. La más grave de la Venezuela republicana desde 1830. En la época colonial había una economía horizontal, vamos a llamarla de esa manera, de subsistencia, salvo los grandes hacendados que eran comerciantes y contrabandistas. Nosotros hemos sido contrabandistas desde la colonia hasta hoy en día. Tenemos 500 años de contrabandistas. El hacendado era el gran personaje. Primero vinieron los del cacao, luego vinieron los del café y después los del petróleo. Con todos sus presidentes, pero nadie había creado una situación tan mala societariamente —económica, política, social, cultural, espiritual, de instituciones y de subjetividad, que es muy importante— como estos 17 años de gobierno.

¿Cuándo habla de subjetividad a qué se refiere?
A lo que uno es, a lo que uno siente, cómo uno interpreta lo que es y lo que está fuera de uno. Parafraseando a Horacio, yo diría que es el sentir. Y el venezolano se ha atrevido a sentir. Horacio nos decía atrévete a pensar, atrévete a aprender y yo creo que eso es importante. La fórmula horaciana, atreverse a sentir, resurgió durante el período de Chávez. Eso es lo que yo llamo subjetividad. Lo que te despierta ese mover de alguna forma.

¿Qué es lo que está sintiendo el venezolano?
En los primeros 20 años del período democrático, me estoy refiriendo al Pacto de Punto Fijo, al cual nunca pertenecí, me estoy refiriendo a la IV República, a la cual tampoco pertenecí, sino por el contrario, le hice oposición, hubo un buen período de subjetividad importante, en el cual las organizaciones sindicales por ejemplo, jugaron un papel significativo Pero el empresario, a través del proceso de sustitución de importaciones y de unas inversiones autónomas que se hacían a través de sus ganancias, podía satisfacer muchas de esas demandas, con lo cual el nivel de subjetividad revolucionaria amainaba, pero cuando ascendía, podías sentir el malestar que se traducía en las protestas, y eso es lo que está ocurriendo ahora, ¿no? Cuando Chávez asciende al poder, había un clamor de cambio y eso lo sintió todo el mundo.

¿Usted no votó por Chávez?
No, voté en blanco, porque yo estaba muy claro en cuál era el papel que jugaban los militares en América Latina. Si buscas la palabra militarismo en el Diccionario de Política que publicó el Fondo de Cultura Económica, lo único que dice es militarismo latinoamericano. Eisenhower fue presidente de Estados Unidos. De Gaulle fue presidente de Francia por clamor popular. Esos países se estabilizaron. Eso es Europa. Eso es desarrollo. Pero en América Latina, no. En América Latina, con excepción de algunos rasgos de Medina Angarita, militar que está al poder quiere permanecer en el poder y convertirse en dictador. Algo de eso está pasando aquí. El alto mando militar, encabezado por Padrino López, es una de las trancas fundamentales para que Venezuela pueda emerger, porque si en el país se hacen cambios, él, así como el alto mando militar, son perdedores.




¿Cuál es la profundidad de la crisis?
Las crisis en Venezuela han tenido, casi siempre, un origen fiscal, entre otras cosas, porque la economía venezolana depende de una variable externa que es el precio del petróleo, que no controlamos. Pero la crisis que estamos viviendo no obedece a la caída de los precios del petróleo. Tenemos dos años y medio por debajo de la línea de flotación, por las desastrosas políticas económicas aplicadas desde 1999 y sobre todo a partir de 2007 hasta el presente. Disparatadas. Disparatadas. Inspiradas en un modelo que Enzo del Búfalo llama “neo arcaico”. Un modelo socialista que nunca se aplicó, ni se sabía qué era ese socialismo. A mí me recordó la obra de Samuel Beckett “Esperando a Godot”, no llegaba Godot, no llegaba Godot… hasta que apareció en 2007 la reforma constitucional, que fue negada, y que era, sencillamente, el Estado comunal. Ahí comienza el desastre: la política fiscal, la política monetaria, la política de precios y la política de distribución del ingreso fueron equivocadas. Tremendamente equivocadas. Pasado el triunfo electoral de 2006, Chávez organiza un seminario seminal, por llamarlo de alguna forma, en el Fuerte Tiuna, donde le pregunta a su estado mayor, en el que no sólo había militares: ¿Qué hubiese sido de nosotros sin las misiones (organizadas con la intervención de Fidel Castro)? ¿Qué hubiese sido de nosotros sin la Misión Identidad?

¿Esa política económica, “totalmente equivocada”, se ha mantenido inalterable a partir de 2007?
Sí, yo creo que se ha agravado, por una razón. Antes, Chávez era un mesías, un líder indiscutido y, en consecuencia, no necesitaba instituciones. Es decir, líneas de mando claras y bastaba su palabra. Ordenó el comandante y eso iba desde la cúpula de las Fuerzas Armadas hasta el último campesino. Chávez destruyó las instituciones. Las misiones, que nunca fueron institucionalizadas, eran otorgamientos que se entregaban a través de PDVAL, de MERCAL. O era dinero entregado directamente a través de las pensiones del Seguro Social y de las misiones como Negra Hipólita, Madres del Barrio, etc., etc., más los 100.000 barriles de petróleo que recibía Cuba, más los petrodólares que recibía Bolivia y Ecuador, más el contrato que le dio a Odebrecht, que es parte del desfalco por más de los tres mil millones de dólares que actualmente se investiga en Brasil. Más los petrodólares que se le entregó a Nicaragua. Todos esos elementos hicieron que el boom petrolero se malbaratara de una forma impresionante.

Ha mencionado los apartados de la petrochequera internacional, ¿qué ocurrió propiamente en el país?
Aquí se creó una cosa que existió en todos los países comunistas y, particularmente, en la Unión Soviética. Acuérdate que yo milité en el Partido Comunista de Venezuela y conocí eso muy bien: el desempleo en el cargo. Tú tienes un cargo, pero no trabajas. Recibes una remuneración. No te están pagando según tu trabajo, sino según tu lealtad, si eres espía si no eres espía, si eres fiel si no eres fiel, eso es lo que te están pagando. ¿Cuántos empleados públicos había en el gobierno central y en el gobierno descentralizado, a finales de 1998? Un poco menos de 1 millón, lo sé porque yo coordiné un proyecto para el Banco Mundial (Estudio selectivo para el análisis de la pobreza en Venezuela). Y ahora son casi tres millones. ¿Por qué tres millones? ¿Dónde están? ¿Cuántos empleados tiene PDVSA? ¿Cuántos empleados hay en Guayana? ¿Cuántas empresas tiene el Estado? Entre las que había, las nuevas que se crearon y las que Chávez destruyó, hay 1.200 empresas. Antes había 400 y ya eran muchas. Los estados financieros de esas empresas dan pena. ¿Cómo se sostienen? Con el rescate vía presupuesto. Por supuesto, el hueco fiscal es increíble. Que va creciendo y creciendo, alimentando… la inflación.

Usted dijo que no habíamos tocado fondo, le pregunto: ¿A dónde vamos a llegar?
A una crisis humanitaria, a hambrunas y no sé si a mortandades. Yo trabajé tres años en el cuerno de África, en el desierto del Sahel (Sudán, Etiopía y Eritrea) para las Naciones Unidas. Y la ayuda venía de dos partes, para mí heroicas, que las vi con mis propios ojos, los médicos sin fronteras y la Organización Mundial de la Salud junto con la FAO, que lanzaban en paracaídas medicamentos, comida y artículos de higiene personal. A eso vamos a llegar.

¿En cuánto tiempo?
Estamos al borde, estamos a un paso. Ve a una farmacia a buscar cualquier medicamento. Aquí no consigues ni una jeringa, que antes las regalaban. No hay acetaminofen, no hay lo elemental. Las crisis humanitarias, eso que ves en los documentales de Etiopía y Sudan, la gente vive al borde de la muerte.

¿Por qué cree que la izquierda se embarcó con Chávez?
No toda. Parte de la izquierda. Y no todos se embarcaron al principio. Hubo gente de izquierda que creyó que podía producirse un cambio. Una revolución democrática de la cual era partidario el ex presidente Carter (de Estados Unidos). Nunca fui partidario de Carter, yo creo que Carter cabroneó a Chávez. Pero yo creo que ese clamor popular, expresado masivamente, significaba algo. Y que ese señor podía ayudar a cambiar algo de los problemas que venían desde el período de CAP II.

¿No le parece una ingenuidad haberse embarcado en el proyecto político de Hugo Chávez?
Acuérdate de la subjetividad. Ahí se combinaron la subjetividad y el deseo de cambio. Un cambio hacia lo mejor. Eso está en la psiquis de todos los hombres. Hay una necesidad de ascenso y eso significa cambiar hacia algo mejor. La gente vio que efectivamente Chávez podía hacer eso. Además, la izquierda siempre se sintió representante de las masas, incluidos los obreristas, los puristas, estaban equivocados, porque hace mucho tiempo que la clase obrera se fue al paraíso. Simplemente, trabajadores asalariados y clase media. Esos, que estaban enterrados, que no tenían capacidad de decisión en ninguna parte, se sintieron subestimados, no se sintieron ciudadanos. Se sintieron ciervos. Y es verdad que Venezuela, entre 1975 y la llegada de Chávez, era una sociedad de súbditos. No eran ciudadanos. El que fuera a sacar una cédula, espérate un momentico, me voy a fumar un cigarrillo iba a poner una carta en el correo, aquella cola, una partida de nacimiento, ay, se quemó el registro, aquella burocracia, aquella lentitud, había que tener una palanca. ¿Sacar el pasaporte? La palanca era fundamental. Y sigue siendo fundamental, porque ahora la palanca tiene que ser grandísima. Nadie se acordaba de ellos.

¿Una persona como Chávez, un encantador de serpientes, era el que iba a resolver ese problema?
Eso no lo sabía la gente.

¿La izquierda no lo sabía?
La izquierda pescó en río revuelto. Dijo: Yo no pertenecí a la IV, déjame pertenecer a la V. Y en mi caso, nunca pertenecí a la IV ni a la V. De esas repúblicas, no tengo. Antes había una democracia, aunque yo quería otra cosa. Ahora hay una mescolanza, por ejemplo, el 55% del PIB y del empleo lo genera el sector privado. Pero esto es una mescolanza, ¿no? Esa izquierda pensó que podía haber un cambio.

Pero de ahí a pescar en río revuelto, ¿No hay una gran diferencia?
Porque dijeron metiéndome yo aquí, podía llegar, muchos, a un ministerio. Y segundo porque unos vieron, honestamente que podían contribuir a mejorar las condiciones de vida de los sectores populares, de los sectores más empobrecidos, incluso de las universidades, cuyas relaciones con los gobiernos, siempre fueron conflictivas.

¿Usted ve alguna salida política a este embrollo que hay en Venezuela, por llamarlo de alguna forma?
Esa es la pregunta de las 60.000 lochas, como suelen decir. Tal como están los factores de poder, en este momento, no la veo. Por vía del golpe militar tampoco la veo, porque los militares, estoy hablando del alto mando, de la casta, de los beneficiarios del poder, que significa botín, y el perro de presa no suelta el botín, a menos que lo maten. Son terriblemente perjudicados si aquí cambia algo. Aquí hay, como lo dijo el padre Ugalde, mucha gente que se ha beneficiado con este estado de cosas.

Por el lado de los militares no la ve, ¿y por el lado de los civiles?
No, porque las masas hacen de sus colas en los automercados, en las farmacias, en las caucheras, en las ventas de autopartes, peleas entre ellos mismos, peleas con los bachaqueros, incluso a hojillazos, pero eso no ha convergido, para sorpresa mía, en una manifestación de 500.000 personas como la del 11 de Abril, entre otras cosas, porque ellos saben que eso no resultó, no se atreven. A pesar de que hay descontento, malestar, no se traduce políticamente. Yo creo que en las elecciones del 6-D mucha gente pensó que estaba votando contra Maduro y no por los representantes a la Asamblea Nacional. Y pregunta, ¿por qué sigue Maduro, si ganamos las elecciones? Esa es una de las angustias de la AN, cuyos integrantes saben que la gente votó porque quiere un cambio, pero no cualquier cambio, quiere un cambio de gobierno.

¿En qué cree que va a desembocar todo esto?
Un estallido social no es descartable y depende mucho del nivel de hastío que comienza a sentir la gente, que está verdaderamente cansada. Uno percibe un malestar profundo, incluso entre los chavistas. Algunos me siguen llamando. Otros no. Jorge Giordani tenía razón en lo que decía: Maduro no tiene liderazgo. Pero Giordani fue cómplice de una política equivocada. El día en que la gente sienta que está faltando el pan, la arepa nuestra de cada día, como está empezando a sentir, ese día van a salir a la calle. Aquí hay protestas diarias, pero no convergen. Una protesta como La Bastilla, porque faltó el pan. El pan no llegó a París. Y el pueblo furioso agarró sus azadones, sus martillos se fueron allí y tomaron La Bastilla y no pudo el ejército. Pudo el pueblo. Eso puede ocurrir, como dice (Heinz) Dieterich, el pueblo puede ir a sacar a Maduro de Miraflores.


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