Ellos dicen que protestan contra el Gobierno porque les hace vivir una vida que no quieren



En 100 días, miles de personas le han hecho saber al presidente Nicolás Maduro lo descontentos que están con su gestión. Desde su perspectiva, hablan de violencia por parte de la PNB y GNB, solo por estar en desacuerdo con el Gobierno

Desde el 6 de abril de 2017, cientos de personas comenzaron a ocupar las calles del este de Caracas como medida de protesta, luego, se fueron sumando importantes sectores del oeste de Caracas.

Durante estos cien días en la calle, las manifestaciones se han concentrado en la toma de la autopista Francisco Fajardo que conecta el oriente con el occidente del país, y por lapsos aproximados de 3 y hasta 4 horas. Cuando hay jornada de protesta, ningún vehículo pasa por ahí, porque los mayores enfrentamientos entre efectivos de seguridad del Estado y manifestantes tienen lugar en esta vía.

Al principio, los manifestantes salían con un pañuelo y bicarbonato para las movilizaciones. Posteriormente, se fueron incorporando máscaras antigás, cascos y escudos artesanales. Al cubrirse el rostro, la mayoría dice que protege su identidad por seguridad, en especial los de la llamada “Resistencia”, quienes temen que los atrapen o que el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), lleguen hasta sus casas.




                                                                 Jhon Estrada: 
         "Yo lucho porque en Venezuela no sigan chamos como yo en las calles”


Una gran parte de los jóvenes que protestan y se enfrentan a los cuerpos de seguridad no llegan a la mayoría de edad. Algunos están en situación de calle y evidencian un avanzado estado de desnutrición. Aseguran que están allí por "voluntad propia", aunque desde el Gobierno se insista en decir que les pagan por eso. Al menos a Jhon Estrada, nadie lo compensa por protestar contra Nicolás Maduro. Eso asegura él. Tiene 15 años y es víctima del desamparo.

Estrada es de Los Valles del Tuy y relata que su situación de calles es por la economía de su hogar. “Mis padres no pueden mantenerme. Tengo dos hermanas menores y prefiero que las ayuden a ellas”. La decisión de estar en las calles es suya, insiste, "porque en mi casa pasaba mucha hambre. Al menos en la calle reciclo comida con mis amigos”.

Cualquiera que esté leyendo su historia, pudo haberse topado con él comiendo de las bolsas de basura "en las que siempre se consigue algo, pero hay gente que siempre me ayuda con un pedazo de comida”.

El joven usa un "chaleco antibalas artesanal", que cuenta, “le dieron por ahí”.

“Yo lucho porque en Venezuela no sigan chamos como yo en las calles”, finaliza.




                                Javier Noel Orlando: "Ellos me botaron"


Javier Noel Orlando tiene 8 años. Es un niño de la calle que dice que protesta para “defender a Venezuela”. Es de Mérida y no recuerda desde hace cuánto está en Caracas.

Sus padres lo dejaron en la calle: “Ellos me botaron” dijo el niño.

No estudia y aunque no conoce las letras, sabe contar. Pasa su día en las calles y en las tardes regresa a una casa hogar donde come y se asea. “Cuando tengo chucherías las escondo y digo en la casa hogar que tengo hambre para que me den comida; cuando me acuesto me como las chucherías”.

Javier participa de las protestas. Dice que tiene una máscara antigás que usa en las manifestaciones y que se la regalaron "unos señores en una marcha".

Tiene cicatrices producto de un impacto de perdigón y el deterioro que le ha dejado la calle. También tiene una herida en una rodilla producto de una bomba lacrimógena.

“No me da miedo que una bomba me dé muy duro porque soy un hombre. Eso es a las mujeres que les da miedo y gritan". Y lo dice en un tono muy serio.




                                                                 Rommie Merino: 
      "Me siento más útil con un par de guantes que con una cacerola en la mano"


Los primeros auxilios participan en todas las manifestaciones. Siempre se ven en grupos de 10 personas. Van en fila y tomados por los hombros para procurar estar siempre juntos. Están distribuidos a lo largo de la protesta. Se les reconoce porque sus cascos tienen un distintivo. Los "Cruz Verde" son una organización sin fines de lucro integrados por estudiantes del área de salud (medicina, odontología, enfermería ciencias bomberiles y carreras afines) que brindan auxilios médicos en situaciones de riesgo, conmociones sociales y desastres naturales.


Rommie Merino es odontólogo, egresada de la Universidad Central de Venezuela (UCV). Ella forma parte del movimiento de salud.

Dice que en 100 días de protestas, la calle se ha vuelto más agresiva. “Al inicio de este movimiento, no veíamos heridas por proyectiles de armas de fuego, ahora sí. Nos ha tocado atenderlos, estabilizarlos y a veces solo trasladar el cadáver”.

Para Merino su acción es un aporte para el cambio que espera en Venezuela. Desde las protestas antigubernamentales en 2014 ha estado apoyando en el área médica. “Me siento más útil con un par de guantes que con una cacerola en la mano”, asegura.

Sin embargo, como a una mayoría le ha tocador padecer los efectos del gas lacrimógeno, pero lo duro ha sido tener que atender a sus alumnos. “El corazón se me pone chiquitito porque los recuerdo en las aulas de clase sentados. Verlos con sus capuchas, sus guantes y sus heridas me conmueve muchísimo”.

La doctora describe que el momento más fuerte de estos 100 días fue ver pasar el cuerpo sin vida de David Vallenilla, el manifestante de 22 años asesinado por un efectivo de seguridad del Estado, que le propinó tres impactos de proyectil en el tórax.

“Ese día fue muy triste. Fue el primer día que lloré dentro de la máscara antigás”.


           Ana Ríos: "Al ver a los chamos de la resistencia, se me arruga el corazón”


Ana Ríos no siente la necesidad de taparse el rostro. Trata de asistir a todas las marchas desde 2014. Su motivo, es su hijo de 18 años. Ella teme que el futuro que le espera esté signado por “gobierno dictatorial”.


"Al ver a los chamos de la resistencia, se me arruga el corazón”, expresó, porque la mayoría de los que están al frente de la protesta son jóvenes que tienen la edad de su hijo. Los describe como jóvenes muy valientes. “No es fácil estar en su posición y más sabiendo que la represión se ha incrementado”.

Luego de jornadas a su lado, Ríos cree que muchos de los integrantes de la llamada “Resistencia, están en situación de calle. Yo trato de ayudarlos con algo de comida o agua, pero estos días se ha hecho imposible. Son demasiados”.

“Son 100 días que describo con la palabra resistencia. Ahora más que nunca tenemos que ser fuertes y mantenernos en lucha”, concluyó.


               Andrea Hernández: "Estar afuera de la batalla es frustrante"



La reportero gráfico, Andrea Hernández, recibió en su mano izquierda un impacto de bomba lacrimógena, que disparó la Policía Nacional Bolivariana a menos de 3 metros; lo que le produjo una triple fractura que la dejó fuera de combate.


Sin embargo ella cree que las mayores agresiones en su contra ha sido de parte de manifestantes que de efectivos de algún cuerpo de seguridad del Estado.

No tiene muchos años ejerciendo como fotoperiodista, pero ella resume lo que le ha acontecido en 100 días de protesta como "una manifestación de los problemas que hay en la sociedad y en la comunidad. Son un estallido”.

Estas protestas las ha estado cubriendo desde su inicio y le han permitido acercarse “a lo que estoy buscando y a lo que quiero contar”, que podría resumir en "buen contenido y una estética periodística".

“Estar fuera de batalla es frustrante. Me voy a perder una parte de esta historia”, dice, pero al recuperarse asegura que volverá a las calles. “Volveré para terminar lo que comencé”.


Carlos Arteaga: "Yo quiero ser arquitecto"


Carlos Arteaga (nombre ficticio a solicitud del entrevistado) es un chamo del 23 de Enero, sector de la capital venezolana "profundamente chavista". Sin embargo, él no entra en el promedio, pero porque no apoya ni a Nicolás Maduro ni a cualquier otro político de la escena nacional. Está en las calles por lo que cree será una mejora para él y para todos los venezolanos.

En cada jornada opositora, desde el 17 de abril de 2017, Arteaga se moviliza por el Metro de Caracas hasta Altamira, en el este de la ciudad, un sector "profundamente opositor".

Carlos tiene 17 años, acaba de culminar el bachillerato y vive con su abuela, quien sostiene económicamente el hogar.

“Cuando yo vine por primera vez no sabía nada. La primera vez que me pegó el gas, estaba que me moría. No sabía nada. Tenía un trapito en la cara y más nada“, dijo.


“Yo protesto por el trabajo que se está pasando en las calles. No quiero ver a más gente comiendo de la basura. Eso es denigrante para cualquier sociedad”, dice.

Al chamo de 23 le gustaría ser arquitecto, pero sus posibilidades económicas son muy limitadas. “En este país no vale la pena estudiar. Yo quiero ser arquitecto pero para qué. Tendría que montarme en las camioneticas o en el Metro para vender caramelitos y medio ayudarme”, expresó.


Cuenta que hay días que llega a su casa y no tiene para comer. "Hay días que lo que consigo es agua y luz en la nevera y me preguntó ¿verga, qué voy a comer hoy?”.

Arteaga dice que va a seguir protestando en la calle, hasta que vea un cambio. “Pueden cambiar los gobiernos pero mientras la gente no tenga conciencia, no vale de nada. El cambio está en nuestra mente y nuestros actos. Yo vengo es por mí y por el pueblo”.




                        María Pernía: "Quiero construir mi familia en Venezuela"


María Pernía también quiso proteger su identidad. También reside en una zona popular, de la que no quiso ofrecer más detalles, porque hasta a su casa han llegado efectivos policiales a buscarla, para detenerla.

No quiso decirla porque ya han llegado varias veces a su casa los cuerpos de seguridad para detenerla. “Me ha tocado estar fuera de mi casa por un buen tiempo. Esos 'bichitos' me quiere llevar presa por pensar distinto y no lo voy a permitir”.

Pernía participa de las protestas desde 2014. Tiene 18 años y, desde hace unos días, sale con un vendaje en una de sus piernas. Asegura que la agredió la GNB mientras huía en una protesta. “Iba en una moto con uno de mis compañeros y los guardias nos dieron un golpe. Perdimos el equilibrio y me cayó la moto en la pierna”. Esa caída le costó un esguince y aún así se mantiene en la calle. “Me quité el yeso porque quiero seguir luchando por mi país".

“Estudio segundo año de enfermería y quiero graduarme”, cuenta. No quiere formar parte de la lista de jóvenes que se van. Quiere quedarse en Venezuela y hacer vida en el país; pese a las dificultades, está convenida de que su futuro está aquí y no en el extranjero. “Quiero construir mi familia en Venezuela”, dijo.

María no tiene miedo a morir en las calles “la sangre que derrama uno, se multiplica en los luchadores y es la que nos mantiene vivos”.


                    Leonardo Galvis: "A diario busco el billete para comer"


Leonardo Galvis (nombre ficticio a solicitud del entrevistado) no es un joven que recurrentemente va a las marchas para protestar contra el Gobierno. Tiene 15 años y la del 29 de junio de 2017 era su primera participación en una jornada opositora. “Vine porque mis 'panitas' me dijeron que aquí ayudan con comida y mi situación no es muy buena”.

Sus rasgos de mala alimentación son notorios. Para su edad, es bajo de estatura y su cuerpo luce delgado. No está en situación de calle, pero estudia y pasa su día viendo cómo sobrevive un día. Tiene 10 hermanos y con él viven 4. No quiso revelar su zona de residencia por seguridad.

”A diario busco el billete para comer. Parqueo carros. Busco comida en la calle. En las bolsas de basura", relató. Hay veces que se para a las afueras de las panaderías, para pedir ayuda. “Yo no quiero llegar a la casa con las manos vacías".

Galvis quiere superarse. Dice que no quiere seguir buscando qué comer entre las bolsas de basura. Para él, no existe ningún partido político. “No apoyo a ningún partido político, pero sí quiero que mi futuro sea distinto”.

100 días de protesta ha dejado un saldo de 88 muertos, también una mascota tiroteada y más de 1.000 heridos entre los cuales hay funcionarios de seguridad del Estado de la PNB y GNB. Se tiene registro de más de 100 detenidos por protestar y allanamientos sin papeleo, en zonas residenciales de la capital venezolana.

El discurso del presidente Nicolás Maduro sigue con el verbo dirigido hacia la Constituyente y asegura "llueve, truene o relampaguee" va.


FUENTE http://contrapunto.com/noticia/los-latidos-de-la-protesta-contra-maduro-en-8-historias-146430/


 




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