La silla presidencial en la agenda parlamentaria

¿Habrá realmente con este cambio un balance de poder en el país o la MUD, más bien, intentará imponerse de forma radical, acentuando la polarización?.



Venezuela arrancó este 2016 con una certeza: la oposición, por primera vez en los últimos 17 años, tomaría el control del Parlamento. Por eso, nadie se perdió la instalación de la nueva Asamblea Nacional, pautada para el pasado 5 de enero. Niños, adultos de la tercera edad, amas de casa, simpatizantes del oficialismo, adeptos a la oposición y hasta aquellos que aseguran ser “apolíticos” sintonizaron la transmisión en vivo de la toma de posesión, vislumbrando –a juicio de lo que vieron- que este 2016 habrá un escenario de alta conflictividad, un verdadero choque de trenes.
Se sabe que la bancada de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) tiene previsto promover, en sus primeros 6 meses, un conjunto de leyes incluidas en la agenda legislativa 2016-2021, entre las que se destacan: la Ley de Amnistía, la Ley de Producción Nacional, un instrumento jurídico para darles títulos de propiedad a los beneficiarios de la Gran Misión Vivienda y una ley que cubra cestatickets y medicinas para pensionados y jubilados.
Sin embargo, los planes que más han dado de qué hablar fueron revelados por el nuevo presidente de la AN, Henry Ramos Allup, quien expresara públicamente: “en un lapso de 6 meses presentaremos un método para reemplazar constitucionalmente a Maduro”. Según explicó, se tratará de “una salida constitucional, democrática, pacífica y electoral para la cesación de este gobierno”, lo que quiere decir que buscarán realizar un referendo revocatorio contra el Jefe de Estado, impulsar una enmienda constitucional para acortar el período presidencial, promover la renuncia voluntaria del gobernante o establecer una Asamblea Constituyente. Esto sin contar con la advertencia que hiciera de ejercer su rol contralor sobre los demás Poderes Públicos.
El parlamentario también recordó que en solo días el Presidente Nicolás Maduro deberá acudir a la AN a presentar su memoria y cuenta anual. Reconoció que no tiene atribuciones para aprobar o no ese balance; sin embargo, dijo que sí podrá hacerlo con los ministros.
Y es que con una mayoría calificada, como ésta, la oposición tiene mucho pero mucho poder, tanto que puede: dar voto censura al vicepresidente ejecutivo y a los ministros, incluso puede destituirlos; puede declarar si hay mérito o no para el enjuiciamiento del Presidente por parte del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ); puede aprobar la incapacidad física o mental del Presidente, siempre y cuando haya sido certificada por una junta médica del TSJ; autorizar la detención y enjuiciamiento de diputados que hayan cometido delitos; ejercer control sobre el ejecutivo por medio de interpelaciones, investigaciones, autorizaciones, preguntas y aprobaciones parlamentarias; realizar la selección definitiva de los magistrados del TSJ, una vez vencido el período para el cual fueron elegidos; pueden designar a los integrantes del Consejo Nacional Electoral (CNE); pueden convocar una Asamblea Nacional Constituyente; y también pueden aprobar un proyecto de reforma constitucional, entre muchos otros poderes.
Pero “nada de esto le serviría al país si la nueva AN se vuelve tan absolutista y totalitaria como la anterior, es decir, es momento de legislar buscando una auténtica autonomía de los poderes y un balance político. Venezuela necesita diputados que gobiernen por y para ella, no por y para una fracción política”, opinó el abogado Antonio Mendoza, en entrevista con El Semanario, quien considera que si prevalece el radicalismo por parte de la oposición, la MUD pudiera perder su única oportunidad de oro para consolidarse”.
Algo similar opinó la politóloga Evelyn Pinto, quien también ofreció un breve pero interesante análisis sobre esta situación, en exclusiva para nuestra casa editora, asegurando que “lo más sano para Venezuela es que Maduro termine su mandato” pues “la ciudadanía exige que se cumpla su voluntad. El pueblo por medio del voto eligió a Maduro como Primer Mandatario Nacional, pero también sentó en la silla presidencial del hemiciclo a la oposición. Eso significa que la gente está esperando un gobierno equilibrado y no totalitario ni absoluto. Si Venezuela quiere que el poder legislativo ejerza como contrapeso para el Ejecutivo, eso se debe respetar. Por tal razón, la oposición debe centrarse en contribuir con el desarrollo de la Patria, legislando y no planificando cómo salir de Maduro. Asimismo, el Jefe de Estado y equipo de gobierno deben dejar que la MUD haga su trabajo en el Parlamento. Por allí hay rumores de que el Ejecutivo piensa disolver la AN, porque tiene supuestamente cómo hacerlo. Eso sería también un grave error. Es más, deben recordar que el expresidente Chávez siempre consideró al pueblo como sabio. Por eso les recuerdo que ese Soberano el pasado 6 de diciembre votó y fue claro”.
Por su parte, el internacionalista Yoston Espinoza, también entrevistado por El Semanario, indicó que, a su juicio, “en los próximos 6 meses el Gobierno tiene dos opciones: la primera, negociar con la fracción opositora en el Parlamento para crear un ambiente de paz y respeto que logre poner en marcha las políticas macro y micro económicas que se han venido preparando, según las últimas alocuciones del Presidente Maduro. Esto es una condición que se hace obligatoria, que puede ayudar a despejar el panorama sombrío que se ha proyectado para este año 2016”.
“La segunda opción –prosiguió Espinoza- sería todo lo contrario: desconocer la voluntad popular ejercida por la Asamblea Nacional, ocasionando un malestar general en la población, pero en mayor medida ante el escenario internacional, donde últimamente el Gobierno ha perdido apoyo, caso reciente de la Argentina de Mauricio Macri, la Colombia de Juan Manuel Santos y posiblemente la de Brasil, ya que Dilma debe enfocarse en el juicio político al que puede ser sometida (…) Ante esta situación el Ejecutivo debe ser prudente, medir bien sus movimientos, pero sin ceder espacios, sin ceder conquistas, pero también sin ceder privilegios”.
Por su parte la oposición, agrupada en la MUD, “tiene una agenda estructurada desde hace mucho tiempo, es una agenda que han hecho pública y que han defendido en varias instancias internacionales para hacer uso de su reconocimiento. Si bien es cierto que su campaña se basó en contrastar los errores económicos del Gobierno, también es cierto que su prioridad es desmontar el modelo político y social que ha regido la nación en los últimos 17 años. Obviamente para sustentar esta acción se necesita tiempo, pero sobre todo que los factores adecuados se establezcan en el país”, asegura Espinoza, quien además añadió: “¿Qué factores son estos? Primeramente utilizar la crisis económica como herramienta para aumentar el descontento en la población pero, a su vez, revisar y evaluar leyes que apoyan la visión gubernamental socialista: la Lott, el Sistema Nacional de Medios Públicos, la Ley del BCV y las misiones sociales, entre otras, y de esta formar tentar al Gobierno Nacional a desconocer las facultades del poder Legislativo, generando un conflicto de poderes”.
“Estrechamente ligado a este punto –prosiguió- se convierte en una necesidad: la aprobación y ejecución de la Ley de Amnistía que tanta polémica ha levantado. Con la puesta en marcha de dicha ley, la oposición probaría ante el mundo su poder creciente en el país, la debilidad del Gobierno del Presidente Maduro, pero a su vez estaría liberando a su probable candidato (Leopoldo López) para medir fuerzas ante unas posibles elecciones presidenciales anticipadas, de recurrir a la opción constitucional de aprobar en referéndum el recorte del período actual del Presidente. De igual forma también existe la posibilidad de un referéndum revocatorio, que llevaría igualmente a elecciones de obtener una victoria, y como última instancia y para mí la menos circunstancial llamar a una Asamblea Constituyente”.
Finalmente, poniéndose en los zapatos de un venezolano común, el internacionalista indicó: “estamos atravesando un momento difícil, lleno de incertidumbre y miedo, donde el más afectado es el pueblo venezolano que espera la solución de los problemas de forma directa y en un corto plazo, no importa quién solucione, ni cómo, lo importante es para cuándo”.

Ramos Allup… ¿ni tan malo?

El presidente de Datanálisis, Luis Vicente León, aplaudió la designación de Henry Ramos Allup como nuevo presidente de la AN alegando que “sin duda será un activo clave para la oposición en los difíciles retos que enfrentará”.
“Lo más importante y relevante del anuncio de la MUD es que lo hizo unida, con la anuencia y presencia de todos sus miembros (…) La oposición es heterogénea y logró dirimir sus diferencias en paz. Esa es la definición de democracia”, expresó León vía Twitter.

¿Instalación circense?

Aunque a groso modo la juramentación de Henry Ramos Allup como nuevo presidente del órgano legislativo, se dio dentro de los estándares “normales” de la política venezolana (polémicas, insultos y eventos sujetos a interpretaciones), en realidad fue una sesión con elementos atípicos que serán recordados siempre.
Germán Fleitas Núñez, historiador, aseguró que “no se ensayó el acto”. Por eso, consideró que “estuvo lleno de errores”.
“Primero el parlamentario de mayor edad, Héctor Agüero, del PSUV, quien fue designado para dirigir la sesión, no sabía lo que debía hacer, no pudo ni siquiera leer el discurso que llevaba escrito sin que le correspondiera hacerlo, porque presuntamente estaba en el último estado de la rasca. Sin embargo, no dejó pasar la oportunidad”, asegura prosiguiendo en su relato “tampoco hubo quien juramentara al nuevo presidente y se tuvo que ‘autojuramentar él mismo’, así como diría Carlos Andrés Pérez. Además, no hubo ningún tipo de solemnidades. Ramos Allup ha debido pronunciar su discurso, cerrar la sesión y convocar para una primera sesión ordinaria, que ha podido ser media hora después, pero le dio la palabra a Julio Borges, aunque los parlamentarios del gobierno le advirtieron que eso era una violación flagrante del reglamento en la sesión constitutiva, pero el nuevo presidente no les paró”.
“Cuando se agredió verbalmente a Pastrana, Ramos Allup ha podido decir –según el historiador- que merecía el mismo cordial trato que merecen Evo, Dilma, Cristina, Correa, Ortega, Raúl Castro y demás huéspedes de los venezolanos, pero le faltó vuelo imaginativo”.
Para rematar, tras la toma de posesión de la silla presidencial del hemiciclo, los 55 diputados del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), que reúne a la minoría oficialista, abandonaron el acto de constitución del nuevo cuerpo edilicio, controlado ahora por la MUD.



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