Ir al contenido principal

La Romántica

Agricultura Urbana




Hay muchas razones para el pesimismo en estos tiempos: desde esa concepción revolucionaria de la política  en la que solo hay democracia cuando gano yo, hasta  esa idea de que la inflación no existe y -como decían los viejos filósofos griegos- de aquello que no existe, no se habla. Sin embargo, de las cosas más alucinantes que uno ha podido escuchar en los últimos tiempos, es la de resolver esta grave crisis de alimentación que padecemos con agricultura desarrollada en porrones, laticas y botellas vacías. Y es que detrás de esto -se ve venir- tendremos un ministerio para la pesca en el tanque del edificio, un ministerio para la cría de cerdos en el baño y quizá otro para la producción de huevos con gallinas en los clósets. Supone uno que esto no es una burla hecha  desde el poder a los ciudadanos, porque sería algo demasiado cruel que aquel que genera miseria con absurdas políticas macroeconómicas, encima, por añadidura, se burlase de aquellos a los que perjudica, porque ya Soublette alertaba sobre lo terrible que es que el presidente se ría de su pueblo.
Voy a relatarles mi modesta experiencia con eso que se llama la agricultura urbana: tengo un balcón de tres metros por uno y medio en el que desarrollo mi afición ancestral por la agricultura. Para comenzar, hay que comprar porrones, tierra, conseguir semillas y armarse de rastrillo, cuchara y paciencia. He probado con todo lo que la ministra sugiere: he sembrado lechugas y lo que me nace son unas miserables hojitas verdes. La única vez que pude hacer una ensalada -para una sola persona- fue cuando recogí simultáneamente  toda la cosecha de ocho porrones plásticos. He sembrado tomates. No sé si la ministra sabe que el tomate es una enredadera. Hay que ponerle palitos al lado de la planta e irla  amarrando con pabilo en la medida en que crece. Lo hice también y  pasé semanas amarrando, regando y esperando, salieron tres flores y se murieron dos. De la que quedó, salió un miserable tomate con el que completé para una ensalada y pude entender plenamente aquel repugnante  chiste de Verdaguer: hay algo peor que encontrase un gusano en un tomate, es encontrarse la mitad de un gusano. Probé también con el cebollín, corte la parte de arriba y enterré el bulbo en una vaso plástico con las raíces. Creció un hijito de cebollín al que podo con una tijera de cocina y que brinda a la sopa una tenue remembranza de cebollín. Sembré pimentón y le cayó como un animalito blanco que cubrió la planta y la arruinó. Hasta la yerba buena, ministra, que crece salvaje, a mí se me secó. Del perejil saqué una vez para una tortilla. El cilantro sí se me ha dado bien, pero ya sabe usted que no solo de cilantro vive el hombre. Sembré vainita, otra enredadera. Se dio y  de vainita saque 4. Según mis cálculos para un almuerzo de tres personas se necesitan cuatro balcones. Sembré maní y coseche dos miserables maníes. Usted dirá con razón que el pavoso  soy yo, ministra, pero créame -con todo el afecto le digo- que no creo que podamos subsistir con nuestros balcones.
Mis ancestros fueron agricultores desde tiempos inmemoriales, para sembrar ellos lo primero que tenían que hacer era “construir la tierra”, en los lomos de lava del sur de Tenerife. Bien les habría venido un “ministerio de edificación de agricultura”. Tenían que levantar paredes para construir terrazas. Mientras los hombres hacían las paredes, las mujeres cargaban la tierra con cestos sobre sus cabezas. Una vez que se “construía” en sitio para sembrar, había que conseguir el agua para regar. Para ello se abrían galerías (como minas) en la tierra. Había que abrirlas a una altura tal que la gravedad (la ley, me refiero, con permiso del TSJ) permitiese llevarla a los terrenos por canales que también había que construir,  que aún al día de hoy se usan y se llaman “tajeas”. Seguramente entenderá por qué  tantos canarios emigraron a Venezuela y cómo se llegó a la extinta Agroisleña. Sembrar y cosechar en nuestra tierra es una bendición, claro, siempre y cuando no lo hagas con un gobierno en contra.
Ministra, perdone, ¿no nos vendría mucho mejor crear un ministerio de agricultura agrícola? No sé, digo yo en mi ignorancia del tema.



Comentarios

Entradas más populares de este blog

Alí Primera: La voz que le cantó a los techos de cartón

Cortesía de la Buena Música Ely Rafael Primera Rossell, mejor conocido por su nombre artístico, Alí Primera ("El Cantor del Pueblo"), fue un precursor en el mundo del entretenimiento y además protagonista en la historia política de Venezuela. Alí Primera proveniente de Coro, estado Falcón, nació el 31 de octubre de 1941 y murió el 16 de febrero de 1985, en un accidente automovilístico. Fue músico, cantautor, poeta, químico y activista político,específicamente en el Partido Comunista de Venezuela (PCV). Un vistazo a su vida El cantautor fue hijo del pescador Rafael Primera y de Carmen Adela Rossell. Para 1960, en la búsqueda de nuevas oportunidades y una mejor calidad de vida, se trasladó con su familia a la ciudad de Caracas, donde se inscribió en el Liceo de Caracas para terminar su educación. Cuatro años culmina la educación media, y en 1964 comenzó a prepararse en la Universidad Central de Venezuela (UCV), donde estudió Química en la Facultad de Ci...

DE LOS VENEZOLANOS BUENOS… Y DE LOS OTROS

Quisiera hablar de dos venezolanos. Antes he de leer esta noticia. Si usted pensaba que vivía en un pobre país, arruinado y quebrado, está equivocado. “Venezuela es la única garantía de paz en el mundo. Obama estás a tiempo, rectifica, errar es de humanos… Yo se lo diría a Obama, así se lo diría”. Ese giro coloquial -“Así se lo diría…”-, es propio de quien habla sin mayor compromiso, digamos, mientras mata el tiempo en una parada de autobús, o el taxista que hace un comentario, por no dejar, mientras hace una carrera por la ciudad. Pero no, la frase no es de ningún ciudadano anónimo, es nada menos que de Nicolás Maduro, presidente de la república. Según su desplante, él y solo él es la única garantía de paz en el mundo. ¡Que se olvide el Papa Francisco! Pero no tiene sentido ocuparse de semejante alucinación. Cuando decía que queria hablar de dos venezolanos, no estaba incluyendo precisamente a Nicolás Maduro. Mejor dejémoslo de lado para ocuparnos de dos ciudadanos que representa...

OBRAS PÚBLICAS DURANTE EL GOBIERNO DEL GENERAL JUAN VICENTE GÓMEZ (1908-1935).

OBRAS PÚBLICAS DURANTE EL GOBIERNO DEL GENERAL JUAN VICENTE GÓMEZ (1908-1935). La Obra del General Gómez. Labor de patriotismo y progreso. Podríamos resumir así los principales rasgos de la personalidad del Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República de Venezuela: hombre de trabajo, buen administrador, buen militar, gran conocedor de la personalidad humana, poseedor de una mente ágil y aguda, sabía evaluar cada situación y establecer un orden de prioridades. Amó intensamente el trabajo y la paz.  “Fuí a la guerra para conquistar la paz” , señalaba a fin de explicar su actuación militar.  Como gobernante le tocó conmemorar, y lo hizo con dignidad y fervor patriótico, los centenarios de las grandes efemérides nacionales: 19 de Abril de 1810; 5 de Julio de 1811; Congreso de Angostura, 15 de febrero de 1819; Batalla de Carabobo, 24 de Junio de 1821; Batalla Naval...